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Explicación de algunos mitos acerca de WhatsApp

Felipe Lizcano

Las redes sociales, en teoría, son “la panacea” para obtener amigos y llegar a una gran masa de personas que fielmente siguen todo lo que usted hace, dando una valoración y hasta comentando o compartiendo cada publicación. Ahora bien, cuando a tanta atención se le añade la capacidad de intercambiar mensajes de texto, audio o video mediante una aplicación como WhatsApp en un dispositivo móvil, puede que esto sea ya demasiado si no se maneja la interacción con cuidado y responsabilidad.
 

Muchos pueden pensar: cualquier persona con un nivel básico de estudios y con cierta familiaridad con un dispositivo móvil puede llegar a usar una red social y un chat! Lo cual es totalmente cierto; pero no está por demás entender: de dónde vienen? Y para qué se usan las redes sociales en la actualidad?. Lo anterior sumado al sentido común puede parecer muy trivial pero, seguramente, a más de uno le puede evitar distraerse con la abundancia de contenido aburrido y de basura o, en el peor de los casos, un escándalo como el de las fotos de las celebridades desnudas.
 

Ahora bien: entendiendo todo lo anterior es posible entrar en el contexto de WhatsApp que, aunque no es una red social sino una aplicación de mensajería (bastante útil para comunicarse entre SmartPhones que operan con distintos sistemas operativos) debería ser aún más simple en su uso. En caso contrario, vale la pena recordar que :

 

  • Generalmente la interacción es con individuos que hacen parte del directorio de contactos (están plenamente identificados y/o aceptados), y aunque esta no es una restricción, debería ser la norma de conducta para no terminar chateando con extraños,
  • La interfaz es simple e intuitiva; basta con redactar el mensaje de texto o de multimedia y enviarlo; en segundos este será procesado por medio de los servidores de WhatsApp y remitido al destinatario(s) final(es). Posteriormente el receptor recibe una notificación del nuevo mensaje y procede a visualizarlo

 
Hasta ahí todo parece color de rosa pero aquí es donde nace el primer mito (que hasta hace poco logró aclararse) que ha provocado múltiples peleas entre conocidos, esposos, amantes y hasta socios. Todo el mundo pensaba que, anteriormente, cuando aparecían dos “chulos o signos de afirmación” grises al lado derecho de un mensaje enviado, implicaba que el destinatario lo había leído pero, en realidad, simplemente notificaba a su emisor que el mensaje se había remitido correctamente. Se que esto suena trivial, pero la historia muestra que ha provocado más de un mal entendido en donde los mensajes se dan por recibidos desde la perspectiva del emisor y, muchas veces, el destinatario no estaba ni siquiera enterado que tenia un nuevo mensaje. Así pues, sólo imagínese el caso de unos novios o amantes que estuviesen intentando coordinar un encuentro usando el WhatsApp y que uno de los dos quedase “plantado” por la falta de claridad en el proceso de envío y recepción del mensaje. Seguramente la parte damnificada por esta falla de comunicación no quería volver a usar la aplicación en cuestión para dichos propósitos, o en general. para ninguno otro.
 

En consecuencia., siguiendo el ejemplo de Facebook, WhatsApp el hijo consentido de dicha red social, hace unos pocos días decidió proceder a cambiar el color de los “dos chulos” que aparecen a la diestra del mensaje enviado de gris a azul, para notificar al emisor que, efectivamente, el mensaje ha sido leído por el receptor y así hacer más evidente el flujo de la comunicación.

 

Otro de los mitos sobre WhatsApp que recientemente se ha esclarecido es el de lo fidedigno que podía llegar a ser el registro con la hora de conexión o de la última interacción de los seres queridos. Esto era todo un ritual de vigilancia que algunas parejas ejercían en el pasado por medio de dicho dato histórico; pero vale la pena advertir que todos aquellos que tenían dicha práctica, deben ir pensado en otra manera de ejercer control, dado que dicho registro ahora puede verse alterado toda vez que la compañía creadora del chat ha decidido permitir que los usuarios borren el rastro de sus interacciones. Por lo mismo, sólo basta con que una persona configure sus opciones de privacidad correctamente para que el ente “rastreador” pierda la noción del tiempo.

 
Finalmente, a pesar de las recientes declaraciones del CEO de WhatsApp en donde aclara que el foco de la compañía es crecer su base instalada de usuarios y no el de monetizar, mucha gente sigue creyendo, firmemente, en el mito de un posible cobro por el uso de la aplicación. Por lo mismo, vale la pena descartar todo ese tipo de alertas o cadenas que obligan a los usuarios a reenviar mensajes a todos sus contactos (promoviendo el Spam) bajo la premisa de evitar un posible cobro en un corto plazo.