¿Tiene chance la democracia sin cambios a las redes sociales? | Techcetera
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¿Tiene chance la democracia sin cambios a las redes sociales?

Llevo un par de años dudando de si la democracia es aún viable y sintiendo que estamos viendo su ocaso. 

 

En un mundo en el que vivimos inundados -bombardeados- por “información” es cada vez menos lo que podemos asimilar y analizar. No lo digo yo, lo dijo Herbert A. Simon, ganador del premio Nobel de Economía hace más de 30 años.

 

 

En un mundo plagado por la desinformación es cada vez más difícil discernir entre la verdad y las mentiras, al punto en el que ya dudamos de todo, incluso de las fuentes oficiales. Esto ha abierto una peligrosa puerta a las “verdades alternativas”.

 

 

“People like Putin — and Steve Bannon for that matter — understand it’s not necessary for people to believe [misinformation] in order to weaken democratic institutions. You just have to flood a country’s public square with enough raw sewage. You just have to raise enough questions, spread enough dirt, plan enough conspiracy theorizing, that citizens no longer know what to believe.” –  Barack Obama, Abril 2022

 

 

 

En un mundo en el que las cámaras de eco son cada vez más fuertes, conceptos como “nosotros” y “ellos” están creando barreras que parecen ser cada vez más difíciles de romper y están destruyendo las pocas fibras que mantienen el concepto de sociedad, tal y como lo conocemos. Países que han liderado el planeta por casi un siglo están al borde de una guerra civil y el nacionalismo salvaje crece y crece acercándonos vertiginosamente al renacimiento del Nazismo de forma masiva y a un modelo de tribus que pone en riesgo a todo el planeta.

 

En un mundo en el que los algoritmos fueron entrenados para premiar el contenido “viral” con el fin de mantener nuestra atención a todo costa, hemos perdido el rumbo, la capacidad de aportar argumentos a una discusión y la de enfocarnos en los pros y no en los contras. Lo importante ha quedado rezagado a lo viral, a lo contencioso, a lo radical (si no se ha visto “Don’t Look Up” -está en Netflix-, lo invito a que lo haga; creo que es una buena crítica de lo que está ocurriendo en este aspecto) y el rabbit hole del contenido radical es cada vez más profundo. Un hoyo que enceguece, que convence, que radicaliza y que termina en acciones violentas -tanto digitales como físicas- ya no de enemigos externos sino de parte de nuestros propios familiares y amigos, quienes se atacan entre sí en grupos de WhatsApp y terminan atacando personas, establecimientos e instituciones en el mundo real porque están convencidos de una cantidad de locuras.

 

Sólo hay que ver el ambiente derivado del  proceso electoral en el que estamos y cómo este ha exacerbado cada una de estas tristes facetas haciendo de la convivencia algo casi imposible. Ya no hay debate de ideas. Lo único que importa es decir algo bien radical, que genere reacciones en el público para que se vuelva viral, para que se amplifique, para que inunde nuestros correos, nuestros Whatsapps, nuestra vida. A diario nuestros familiares y amigos comparten información falsa convencidos que es real y todos, sin importar el “bando” en el que están, hablan desde ya de fraudes en las próximas elecciones.

 

¿Será que no nos damos de cuenta de que caímos en el mismo juego en el que cayeron los Republicanos norteamericanos hace un año y medio? ¿Será que no entendemos lo que va a pasar el día después de las elecciones cuando quien pierda acuse “al otro” de haberse robado las elecciones? ¿Queremos ver lo que pasó en el capitolio norteamericano en el Palacio de Nariño multiplicado por 100? ¿Estamos dispuestos a poner los muertos que esta cizaña generará o a paralizar el país por 4 años porque no estamos de acuerdo con el resultado (sea el que sea)?

 

No creo que la democracia sobreviva si no tomamos medidas para frenar la proliferación de las mentiras en redes sociales. Y no hablo sólo de lo que pueda hacer el gobierno norteamericano o el parlamento europeo. Hablo de las medidas que tenemos que tomar usted y yo a nivel personal para entender el rol que jugamos y el daño que nos estamos haciendo. Para que dejemos de compartir mentiras, por muy reales que nos parezcan, sin primero validar su veracidad. Para que eduquemos a nuestros familiares y amigos cuando envían información falsa o cuando se radicalizan en cierta posición. Para que extendamos puentes en vez de construir más barreras.

 

Por eso quiero comenzar yo compartiéndoles 2 piezas de contenido que tienen que ver con este tema, que me han parecido muy interesantes y que, coincidencialmente, salieron la semana pasada.

 

El primero es un artículo fabuloso de Jonathan Haidt en The Atlantic que básicamente dice que todos estos factores asociados a las redes sociales y a la desinformación han creado una nueva Torre de Babel (¿se acuerda la historia de la Torre de Babel? No termina bien).

 

Es, posiblemente, el mejor ensayo sobre los efectos de la desinformación que he leído. En serio se los recomiendo.

 

 

El segundo es una intervención de Barack Obama en un foro del Cybersecurity Policy Center en la Universidad de Stanford en el que dice que estamos viviendo “otro momento tumultuoso y peligroso de la historia” en el que las instituciones democráticas están debilitadas por esas características que he mencionado anteriormente y en la que llama a que hayan cambios en la manera en que operan y son supervisadas las redes sociales.

 

Es un discurso que Obama debió dar hace años y en el que reconoce que en su momento no entendió el nivel de impacto que la desinformación podría tener sobre la democracia. Pero hoy, viendo como ha muerto gente derivada de la desinformación, como el Estados Unidos está totalmente dividido y paralizado legislativamente y como personajes como Putin y Steve Bannon se han salido con la suya gracias a la forma en que han manipulado el sistema, se ha pronunciado al respecto. Creo que vale la pena verlo.

 

 

Ya hace un par de años escribí sobre El Rol de la Tecnología en el Estallido Social, explorando algunas de las formas en que esta ha sido abusada y en la que esta ha abusado de nuestra “inocencia” como usuarios. También exploré los 4 Tipos de Analfabeta Digital que existen y propuse métodos para ayudarlos a salir de su ignorancia. Creo que ahora, más que nunca, ambos artículos son importantes pero temo que si no aprendemos, caemos en cuenta y tomamos acciones, la forma de vida que conocemos será destruida en menos de lo que creemos.

 

Y es por eso que me preocupa, muchísimo, la compra de Twitter por parte de Elon Musk. Porque aunque estoy de acuerdo con la libertad de expresión creo que su interpretación se ha tergiversado para promover el derecho de amplificación sin importar la veracidad de aquello que se comunica. Es por eso que los terraplanistas se han multiplicado en la última década (No! la Tierra no es plana. Punto.) y que movimientos como Q han acabado con centenares de familiar, no solo en Estados Unidos sino en Alemania y Australia. Es por eso que muchos en Rusia creen que Ucrania atacó primero y muchos en Colombia que las cartillas educativas nos iban a volver gays a todos.

 

Para poder tener una discusión enriquecida a partir de diferentes opiniones debemos primero tener consecuencias por la proliferación de mentiras, debemos primero acabar con las bodegas de cuentas falsas, debemos moderar el contenido que no es real, así no sea ilegal.

 

El camino que viene no será fácil y a menos que haya cambios, desde nosotros hacia arriba, los resultados no serán positivos.

Samir Estefan

Economista de la Universidad de los Andes, MBA de Thunderbird School de Global Management. Consultor Empresarial en temas de Transformación Digital y Software Asset Management. Conferencista Internacional especializado en temas asociados con Tecnología, Disrupción Digital, Ciudadanía Digital, Democratización Tecnológica y la 4ta Revolución Industrial. Co-fundador de Softimiza.Co y TECHcetera.Co, Inversionista Angel, Mentor de startups de base tecnológica Más info en: www.SamirEstefan.com