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Otra carrera hacia el 0. La industria de la música vive un nuevo ciclo disruptivo

AWaldraff

Ayer hablaba de la carrera hacia el 0 que está llevando a algunos proveedores de almacenamiento a quedarse sin fuentes viables de ingresos. Hoy quiero hablarles de otra carrera hacia el 0, aunque esta es un poco diferente.

“No estoy dispuesta a contribuir con el trabajo de mi vida a un experimento que siento que no compensa de forma justa a los compositores, artistas y productores de mi música”

La cantante mas popular del momento se llama Taylor Swift. Su mas reciente álbum, 1989, ha roto todas las marcas de ventas este año. La semana pasada Swift anunció que su disco no estaría disponible en Spotify, el servicio de streaming musical mas popular del mundo. Su argumento, “No estoy dispuesta a contribuir con el trabajo de mi vida a un experimento que siento que no compensa de forma justa a los compositores, artistas y productores de la música”. Su decisión ha causado mas de una discusión en la industria musical.

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Las fuerzas que rigen la industria de la música llevan casi 15 años de transformación. Dependiendo de la perspectiva, la aparición de los formatos digitales han sido una bendición o una maldición para la industria. Los consumidores estamos felices. Si antes estábamos obligados a comprar compilaciones de 10–15 canciones para acceder a una única que queríamos escuchar, ahora podemos acceder a servicios por suscripción donde encontramos únicamente lo que queremos y lo que nos gusta escuchar. Pero los productores y artistas se han visto obligados a buscar nuevos modelos de negocio o caminar esa peligrosa línea hacia el 0, obligados por la piratería y por una disrupción profunda en su negocio.

Entre los artistas hay diferentes estratos. En la parte mas alta de la pirámide viven artistas como la misma Taylor Swift, Beyonce y Coldplay. Estos artistas no necesitan hacer la clase de promoción que requieren otros artistas. Sus discos son virtualmente omnipresentes y obviamente ellos pueden darse el lujo de “eliminarse” de medios de distribución que no ofrezcan los incentivos correctos. U2 y Garth Brooks han seguido caminos similares pero no necesariamente iguales. U2 hizo un trato con Apple y “vendió” cientos de millones de discos entre los usuarios de iTunes, incluidos muchísimos que no necesariamente estábamos interesados en el producto. Brooks, por su parte, lanzó su propio servicio de streaming para integrar verticalmente su negocio.

Pero la gran mayoría de los artistas no tienen el apalancamiento de estas superestrellas. Mientras la infraestructura de la industria se cae a pedazos alrededor de ellos, los artistas se han convertido por necesidad en emprendedores digitales. Además de tocar su música, los artistas ahora deben hacer su propio mercadeo, distribución y producción. El fenómeno ha cambiado completamente el panorama de la industria. Hoy, los artistas que han acogido la redes sociales y el internet como su aliado, son mas cercanos que nunca a sus fanáticos. Algunos ejemplos: Amanda Palmer hizo campañas de crowdfunding para financiar su disco. Los fanáticos de My Morning Jacket colaboraron con la banda para crear los contenidos de sus discos.

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La película Begin Again muestra, desde la ficción, la realidad de esta industria en la actualidad. El asunto es que la forma como la industria generaba ingresos en el pasado, no necesariamente aplica hacia el futuro. Las fábricas de hits garantizados como Stock, Aitken y Waterman están en peligro de extinción. Para el consumidor es una bendición. La calidad de la música en general pareciera volver hacia la visión de los artistas, lejos del factor comercial de los productores.

Obviamente hay riesgos. Este movimiento está sustentado en la neutralidad de la red. Los artistas pueden transformar su industria porque un internet abierto y democrático les permite acceder a su mercado a costos razonables. Pero la industria no esta lista para entregarse tan fácil. Comcast y Time Warner, el mayor proveedor de servicios de internet y el mayor distribuidor de medios y entretenimiento del mundo, respectivamente, están a punto de completar una fusión empresarial. No sería descabellado pensar que la nueva empresa fusionada, bloqueara a los artistas que no firmen un acuerdo con ellos.

Es una razón mas para luchar por la neutralidad de la red. En uno de los mejores momentos creativos de la historia, tenemos que asegurar que los artistas pueden seguir comunicados con nosotros, liberados de la soga del “pague para sonar” que buscan las multinacionales.