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El Gran Lastre de Microsoft

Samir Estefan

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, Lastre significa (entre otros significados) “cosa que detiene, embarga o suspende“. Comúnmente nos referimos como lastre a algo que no nos deja avanzar, que nos frena, que nos obstaculiza generalmente desde atrás, como lo muestra la imagen que acompaña a este artículo. 

Para las compañías es común encontrar lastres en diferentes ambientes: para algunos es la cultura organizacional; para otros son los empleados que se resisten al cambio, o los dueños que no ven el cambio de su entorno, pero es raro ver que el mayor lastre de una compañía sean sus clientes. 

Lamentablemente, ese es el caso de Microsoft. El Gran Lastre de la compañía es usted.

Usted que sigue en XP a pesar que se venció el soporte o que se subió a Windows 7 recientemente con una copia pirata que le instaló en “técnico” amigo.
Usted que a pesar de los esfuerzos de la compañía para atender vulnerabilidades como esta o esta no ha descargado las actualizaciones de seguridad.
Usted que no tiene antivirus y que le da click a cuanta pendejada le llega al correo.
Usted que tiene un Xbox 360 “desbloqueado” por medio de un adminículo que le instalaron en Unilago o en San Andresito (o como se llame el sitio donde piratean software en su ciudad).
Usted que puso el grito en el cielo cuando le quitaron el botón de inicio del revolucionario Windows 8.
Usted, el de sistemas de la empresa que no quiere aprender nada nuevo y sigue usando lo que aprendió en la universidad el siglo pasado y bloquea toda iniciativa de implementación o adopción de nuevas tecnologías porque sabe que su conocimiento obsoleto lo convertirá en algo irrelevante
Usted que armó la grande cuando la compañía anunció que el Xbox One necesitaría de una conexión a internet permanente (o por lo menos continua) para seguir funcionando y que el modelo de distribución buscaría privilegiar las descargas vía internet a los anticuados discos.
Usted que escribió y protestó porque el Xbox One era USD 100 más caro que el Playstation 4, sin tener en cuenta que el uno incluía el Kinect y que para el otro era necesario comprar un accesorio de USD 80 con lo cual el precio prácticamente el mismo. 
Usted, el que quiere vivir en la segunda década del siglo XXI como si estuviera todavía en 1999.

Usted, el que ha torpedeado todas las iniciativas que ha tenido la compañía para llevarnos al futuro y para retomar su posición de liderazgo en el mercado de dispositivos electrónicos. 

Hace un par de años Kurt Eichenwald escribió para Vanity Fair uno de los mejores artículos sobre lo ocurrido con Microsoft desde comienzos de este siglo (pueden leerlo, en inglés, aquí) titulado “La Década Pérdidad de Microsoft”. En él, Eichenwald dice:

“Érase una vez un Microsoft que dominaba la industria de la tecnología; de hecho, era la corporación más rica del mundo. Pero desde 2000, mientras Apple, Google y Facebook crecieron rápidamente, la compañía se estancó en todos los negocios en lo que ha participado…”

En ese momento se veía poca luz en un túnel cada vez más oscuro, más post-pc, más social, más móvil, menos Microsoft. Pero algo pasó: Redmond despertó, entendió que ya no era el centro del mundo y que su lugar en la periferia del mercado tecnológico era el resultado de su base instalada y no más. Las directivas de la compañía empezaron a buscar salidas, opciones a la crisis y entendieron que la única manera de predecir el futuro era inventándolo directamente. 

En estos últimos 2 años hemos visto un Microsoft agresivo, renovado, con su cabeza 5 años adelante y no 3 meses atrás. Un Microsoft dispuesto a hacer apuestas complejas con tal de volver a reinar y dirigir el camino de la tecnología. Un nuevo Microsoft.

Pero a Microsoft se le atravesaron sus propios usuarios. Les doy 3 ejemplos:

Windows

Más allá de presentar un evolución natural de sus sistemas operativos tradicionales, Microsoft decidió dar un salto cuántico homogeneizando la experiencia del usuario sin importar el dispositivo que éste decidiera usar. Windows 8, basado en un sistema de azulejos dinámicos y pensado para ambientes híbridos de teclado/mouse y pantallas táctiles generó un cambio radical de lo que Windows había sido hasta el momento para la mayoría de usuarios. Era por primera vez un sistema operativo pensado en el mundo social y móvil en el que vivimos desde el 2007.

Windows 8 era el futuro… y que pasó? Nada.

Su participación de mercado, más de un año y medio después de lanzamiento sigue por debajo del 15%. Ha sido tal la falta de adopción del nuevo sistema operativo que las ventas de computadores han caído constantemente por más de 40 trimestres seguidos poniendo en aprietos a los OEMs y fabricantes de PCs a nivel mundial.

La aversión al cambio de los usuarios de Windows fue tal que obligaron a la compañía a volver a implementar el Botón de Inicio, una reliquia del siglo pasado sin la que no eran (o son?) capaces de vivir algunos usuarios. Microsoft tuvo que dar un paso atrás buscando apaciguar los ánimos, generar algo de conexión con el usuario común y buscar darle vida a un sistema operativo que aún no ha despegado y del cual ya se habla morirá el próximo año.

En todo producto, existe un roadmap de actualizaciones y soporte. Nada puede ser eterno en el mundo y menos cuando las condiciones tecnológicas evolucionan tan rápido. Windows XP llegó a este mundo a comienzos de siglo y a pesar de haber completado su tiempo de servicio hace un par de años, Microsoft tuvo que seguir soportándolo por la intransigencia de los usuarios que no se quisieron actualizarse a las versiones nuevas del sistema operativo (yo sé, Windows 7 no es el mejor sistema operativo, pero tampoco…).

14 años después de lanzarlo y a pesar de que ya se terminó el período de soporte de XP, 1 de 4 computadores en el mundo sigue corriendo ese sistema operativo. La cantidad de usuarios es tal y la reticencia a actualizar es de tal magnitud que la compañía no tuvo otra opción que actualizar para XP una vulnerabilidad compleja encontrada en todas las versiones de Internet Explorer a pesar de ya no ofrecer dicho soporte.

Y la Distribución Digital?

En un mundo cada vez más digital, los dispositivos de almacenamiento físico como CDs y DVDs que se dañan y rompen tienen poca cabida. El streaming y la distribución en línea permiten a los desarrolladores llevar su contenido a más mercados, a mantener actualizados sus productos y a que los usuarios puedan gozar de ellos inmediatamente sin tener que ir a la tienda, encargar el juego o la aplicación y esperar a que llegue. Esa fue la promesa original del Xbox One: Distribución Digital, Contenido en Línea, Conectividad al 100%.

Qué pasó? Que los llamados “gamers” se opusieron y amenazaron con irse de la plataforma. Para qué ir al futuro si en el presente podemos piratear? Antes del lanzamiento de la nueva consola de Microsoft, el esquema de distribución, uso y aprovechamiento de la misma murió. Nos tocó quedarnos en el siglo XX por la intransigencia de unos pocos – pero muy vocales – usuarios. 

Unos pocos que aún quieren “ser dueños de” y para quienes “tener acceso a” no es suficiente. Unos pocos capitalistas que necesitan ver la caja al lado de la consola para sentir que de verdad compraron el juego. Unos pocos ilusos que aún no confían en la nube y que bajan todo a CDs, DVDs y USBs que guardan en cajones “por si acaso”.

Kinect

El Wii cambió radicalmente nuestra visión de lo que podía hacerse con una consola de videojuegos y abrió el mercado a un target que no tenía ni el conocimiento ni el interés de aprender a usar controles con 82 botones. La respuesta de Sony fue un clon de los controles de Nintendo. La de Microsoft fue su eliminación.

Kinect nos mostró el futuro de la interacción con nuestros dispositivos electrónicos, no sólo de las consolas. Esa ciencia ficción que vimos en películas como Minority Report se volvió realidad con la llegada del Sensor de Movimientos y Voz al Xbox 360, generando un interés nunca antes visto en un producto de la compañía y dando un brinco sustancial al status quo de la computación.

Con la llegada del Xbox One al mercado la promesa de valor se incrementó: un Kinect más sensible, más completo, más poderoso. Movimientos, Gestos, Controles por Voz, Medición de pulsaciones del Corazón y de la temperatura del usuario. Imagínese el potencial, no solo a nivel de videojuegos, sino a nivel de todo. Imagínese un futuro en el que con sólo hablar sus dispositivos lo reconocen, entiende quién es usted y lo obedecen. Olvídese del teclado, del mouse, del control, de los passwords, de la huella. Imagínese un futuro es que usted es la llave y usted es el control. Ese es el futuro que nos presentó Microsoft con el Xbox One.

Y que pasó? Que al igual que con los 2 ejemplos que he puesto arriba, la masa no está preparada para el cambio. Y esa falta de preparación ha llevado a que las ventas del Xbox One – aún cuando están por encima de aquellas del Xbox 360 en un mismo período de tiempo – estén lejos de aquellas de su competencia, el Playstation 4. Y esa falta de ventas a llevado a que Microsoft haya decidido sacrificar el futuro con el lanzamiento de una nueva versión del Xbox One en la que el Kinect – el una vez diferencial de esta consola – sea ahora un adminículo opcional. Volveremos pues al control de 82 botones, el mismo que hemos tenido desde hace 20 años (pero más complejo). Nos quedaremos con esos juegos tradicionales de disparar o manejar un carro sacrificando las opciones avanzadas que ofrecía Kinect y las posibilidades de ir al futuro en cuanto a la forma en como interactuamos con nuestros dispositivos. 

El Futuro de Microsoft no está en manos de Satya Nadella ni la de Bill Gates ni en la de los inversionistas dueños de acciones de la compañía. El futuro de Microsoft está en manos de sus clientes, de sus usuarios. Son ellos – o mejor, ustedes – quienes deben decidir si quieren seguir viviendo en el siglo XX o si le dan la oportunidad a la compañía de mostrarnos un nuevo camino, un nuevo modelo, un nuevo estándar con el cual podamos encarar las oportunidades y retos que se nos vienen.