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Una ley fuera de este mundo (literalmente)

Samir Estefan

En medio de tanta noticia que absorbe nuestro día a día: la guerra contra ISIS, las elecciones en Venezuela, el Proceso de Paz en Colombia y las estupideces que dice Donald Trump a diario (por mencionar algunas), hace un par de semanas se firmó en Estados Unidos el US Commercial Space Launch Competitive Act, una ley cuya aplicabilidad está literalmente fuera de este mundo.

Para la gran mayoría de los humanos su promulgación ha pasado inadvertida, principalmente porque no les afecta. Por ahora. Pero la verdad es que esta ley tiene una importancia fundamental para el futuro de la humanidad, a pesar de que sólo es aplicable para los ciudadanos y compañías estadounidenses. 

Lo que más me ha llamado la atención de la ley es que se que haya firmado. Me explico: para nadie es un secreto que los avances tecnológicos van más rápido que las leyes y regulaciones del mercado en las que funcionan. Sólo hay que mirar los recientes ejemplos de la economía de lo compartido (el sharing economy) y cómo sus máximos exponentes – compañías como Uber o como Airbnb – han puesto patas arriba el status quo de las actividades económicas a las que se dedican y han obligado a los diferentes gobiernos de ciudades, estados y países a legislar sobre su aplicabilidad y forma de funcionar. La discusión y promulgación de esta normatividad siempre ha sido un proceso reactivo detonado por la tecnología y su impacto en la economía y en la sociedad. 

El hecho de que Estados Unidos, una de las grandes potencias en materia de exploración espacial, haya pasado Commercial Space Launch Competitive Act significa que la exploración espacial privada, con fines comerciales, está más cerca de lo que la gran mayoría de humanos creemos. 

En esencia lo que dice la nueva ley es que a pesar de que nadie (ni una persona, ni una compañía, ni un país) puede declarar soberanía sobre ningún cuerpo terrestre (léase planeta, asteroide o demás) por un acuerdo multilateral llamado el Tratado del Espacio Exterior firmado en 1967 por todos los países integrantes de ONU, cualquier persona que extraiga cualquier componente o material de uno de estos cuerpos terrestres será el dueño de ese pedazo que ha extraído y podrá transportarlo, utilizarlo y comercializarlo como desee. 

Gran parte de la nueva ley lo que busca es sentar las bases y promover la minería espacial y la minería de asteroides con fines comerciales. Y es que aunque muchos tenemos aún los pies en la tierra ya existen compañías, como Planetary Resources, Deep Space Industries o Moon Express cuya misión es la extraer minerales y materiales de cuerpos celestiales como los asteroides o la Luna con el fin de (a) construir elementos en el espacio con los que podamos fomentar la exploración espacial, o (b) comercializarlos en la tierra.

Piense en esto: un asteroide de esos que pasan constantemente “cerca” de la tierra puede contener más minerales que todos los que hemos extraído de la tierra desde el comienzo de los tiempos. Su valor económico es inmenso, claro una vez podamos extraerle los materiales y traerlos de regreso a la tierra. 

El espacio es el futuro. Elon Musk (Tesla), Jeff Bezos (Amazon), Larry Page & Sergei Brin (Google) y un número importante de magnates, visionarios y científicos están invirtiendo en la exploración espacial desde hace ya unos años. El momento es ahora y con esta nueva ley se sientan las bases para que las actividades económicas asociadas a la exploración y minería espacial puedan un futuro comercial que fomente la inversión y el desarrollo de las tecnologías necesarias. 

Ya Estados Unidos lo hizo, ahora es tiempo de que los demás gobiernos comiencen a discutir sus propias leyes y, ojalá, se llegue a un consenso mundial así que se hizo en 1967