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Prohibido prohibir

Andrés Felipe Sánchez

En un alto número de las ocasiones, la tecnología rompe con los esquemas existentes y obliga a todos a cambiar la manera como se hacen las cosas. Ayer leí en las noticias, que en Inglaterra, los colegios y escuelas están prohibiendo a los alumnos llevar smartwatches. La razón que esgrimen los directivos es que temen que sean utilizados para copiarse en los exámenes.

Una proporción muy alta de los estudiantes, cerca del 85%, tiene y usa un smartphone. También es de esperarse que una proporción igualmente alta tenga un smartwatch en el mediano plazo. Me atrevo a decir que la actitud policiva de prohibir dispositivos electrónicos en el aula no va a ser sostenible en el muy corto plazo. ¿Cómo piensan asegurarse los directivos que ningún alumno lleva un dispositivo al aula?

El problema definitivamente no radica en la capacidad que tienen estos dispositivos para permitir hacer trampa. El problema real radica en un sistema educativo que no sabe como incorporar nuevas tecnologías. Con la facilidad que tienen los alumnos para para acceder a la información cade vez dependen menos de la memoria. Así que los sistemas educativos deberían volcarse hacia el análisis y comprensión de la información. Ojalá enseñado desde la base escolar.

Lo anterior significa necesariamente un cambio de paradigma en la manera como se imparte instrucción en las aulas. Es casi seguro que los estudiantes tienen hoy mas y mejor información que el profesor. Luego la relación profesor-alumno tiene que cambiar por definición. El pensamiento crítico o analítico toma precedencia frente al impartir conocimiento. Una situación paralela vivimos en la adopción de tecnología empresarial. Los usuarios de hoy tienen un mejor conocimiento de muchas herramientas de tecnología útiles para su desempeño. Ya no podemos hablar de que los expertos están en los departamentos de IT. El rol de IT también tiene que cambiar, por definición.

Pero el problema no es endémico a la educación o a la adopción tecnológica empresarial. También leía ayer madrugada que en algunos estados de los Estados Unidos están pensando en aprobar regulación para prohibir que los choferes miren su smartwatch mientras conducen. El temor de las autoridades es que se incremente la accidentalidad gracias a distracciones causadas por los dispositivos.

Nuevamente me pregunto ¿cómo podrán hacer las autoridades para hacer cumplir esta regulación? ¡No van a poder! Es obvio que los usuarios tienen que ejercer algún tipo de autocontrol. Pero tal vez sea necesaria una ayuda tecnológica. Se me ocurre que los smartwatches podrían configurarse automáticamente en un modo básico cuando detectan una velocidad de desplazamiento superior a la de un caminante. Obviamente debe existir un método, que exija de alguna complejidad para que los pasajeros puedan revertir sus dispositivos al modo normal. Por ejemplo, que sea necesario escribir una clave larga, para usar un smartphone como pasajero de un vehículo.

El punto es que en prácticamente todos los casos prohibir o restringir el uso de la tecnología es el camino incorrecto. Suena lógico, por principio, pero es casi imposible de hacer cumplir en todos los casos. La tecnología es tan permisiva hoy que obligar a las personas a no usarla es necio. En los últimos 2 años tuve la oportunidad de trabajar en 2 empresas que prohiben el uso de ciertas tecnologías principalmente por motivos de seguridad. Aunque la política pareciera ser segura, la realidad es que todos los empleados la usan por “debajo de cuerda”. Los directivos de estas empresas se están diciendo mentiras a si mismos. O para serle sinceros, pues asegurarles que ellos mismos están entre los tramposos. Ya he hablado con anterioridad de los departamentos de shadow IT.

Considero que el camino correcto es el ”laissez faire” o ”dejar hacer” y propender por la autorregulación. Recientemente tuve la oportunidad de hablar con la persona encargada de la regulación acerca de privacidad de datos en Colombia. Es claro que para ellos es imposible controlar los abusos. El costo de la capacidad va mas allá de las posibilidades económicas de su oficina. Así que decidieron propender por fomentar un esquema de autorregulación empresarial y castigar a quienes no apliquen este tipo de políticas. Ese es el camino correcto.