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Microcertificaciones: ¿el futuro de la educación?

Microcertificaciones: ¿el futuro de la educación?
Samir Estefan

Algo de revuelo generó el anuncio hace unos días del lanzamiento de un programa de cursos y certificaciones llamado Google Career Certificates y que la compañía tomará como el equivalente de una carrera tradicional de 4 años en sus procesos de selección de personal.

Piense en un programa que vale una fracción de lo que cuesta una carrera universitaria cuesta en la actualidad, que puede ser tomado por cualquiera y en el que tendrá que invertir no 4 años sino 6 meses de su vida.

Programas de Project Manager, UX Designer o Data Analyst, enfocados en algunos de los trabajos más demandados -y mejor pagados- del momento. Programas que no sólo le servirán a los estudiantes a conseguir un trabajo en Google, sino en cualquiera de las compañías que decida hacer parte del consorcio y en la cual ya hay 50 de las empresas más importantes (e interesantes) de Estados Unidos como Walmart, Intel, Bank of America, Best Buy, H&R Block, Hulu e Infosys.

La velocidad exponencial a la que avanza la tecnología hace que hoy, por ejemplo, la mitad de la información técnica que aprende un estudiante en una carrera de 4 años sea obsoleta para cuando este se gradúa.

Y entonces se pone uno a pensar, ¿qué programa puede preparar mejor a una persona en temas como de UX Design o Data Analytics: el de una universidad que vive de la teoría y para quien cambiar o actualizar el programa puede tomar años por la burocracia propia de la institución y de los entes de regulación educativos, o el de una de las compañías líderes en el mundo en ambas prácticas, que puede incorporar nuevas metodologías, enfoques y tecnologías de forma ágil y estructurada? Claramente el segundo!

Uno de los 8 efectos de la Disrupción Digital es la Desagregación del Producto. Piense, por ejemplo, en la industria de la música: antes si queríamos comprar una canción que nos encantó teníamos que comprar 11 canciones adicionales -la mayoría de ellas malas- pues los costos asociados al empaquetamiento físico requerido para hacer el delivery impedían que fuera rentable sólo vender 1 canción. Hoy, gracias a la digitalización de esa industria, no es sólo posible comprar esa canción sino tener acceso a cualquier canción que uno quiera, desde donde quiera.

¿Es el momento de la Disrupción Digital para la educación superior?

Démosle una mirada a 6 tendencias y realidades actuales:

1 – Sólo una fracción de la población tiene acceso a algún tipo de educación “terciaria”, es decir Universidades, Institutos Técnicos y similares. Entre los países de la OCDE el porcentaje de la población que tiene acceso a dicho nivel educativo oscila entre el 17% (Italia) y el 54% (Canadá). En México, Chile y Colombia el número ronda un 20%. Es decir, 4 de 5 ciudadanos mayores de 18 años no tiene como acceder a ella, en gran parte por sus costos.

2 – Sin embargo, hoy la demanda y la necesidad de empleos asociados al desarrollo de software, al análisis de datos, al diseño de experiencias de usuarios, etc., etc, excede por mucho la cantidad de personas que tienen las capacidades y conocimientos requeridos. Sólo en Colombia se estima que el hueco es de más de 120 mil empleos y a nivel mundial el número puede sobrepasar los 2 Millones para el 2021.

3 – Cada vez son más las compañías que contratan empleados por sus habilidades y no por los títulos que ostentan o las universidades de donde se han graduado. Es por eso que entidades como Platzi, Coursera o Khan Academy han crecido como han crecido y han logrado el reconocimiento que tienen hoy tanto estudiantes como en empleadores.

4 – Las restricciones a las aglomeraciones derivadas de la pandemia del COVID-19 han obligado a centenares de universidades a irse a un modelo 100% virtual para el semestre educativo que comienza y ha impactado hasta en un 40% el número de estudiantes de primer semestre que han postergado su ingreso a las instituciones. Muchos de ellos porque no están de acuerdo con pagar una matrícula de un modelo presencial para tomar cursos online.

5- Amazon, Apple, Tesla, IBM y el propio Google, entre muchos otros, ya ni siquiera requieren de un título universitario para que los interesados se postulen a la vacantes que ofrecen. EY en el Reino Unido ya tampoco. Y ya vemos que la tendencia llega a América Latina.

6 – El modelo de estudiar 4 años y ejercer el resto de la vida sobre dicho conocimiento era válido cuando el mundo no avanzaba a la velocidad exponencial de la tecnología y cuando la gente trabajaba 30 o 40 años. Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de vivir 65 – 75 años y pasamos a vivir entre 90 y 100 años? ¿Qué pasará cuando logremos vivir 120 – 150 años?

Derivado de la conjunción de estas 6 realidades es ilógico pensar que el modelo educativo que hemos tenido desde hace un siglo siga vigente.

Es mucho más lógico pensar en un modelo de entrenamientos puntuales, específicos, constantes, que se renueven cada 5 o 10 años y que le permitan a las personas no solo mantenerse actualizadas sino cambiar de carrera de acuerdo a las necesidades del mercado.

Es mucho más lógico un modelo de microcertificaciones, como el planteado por Google y al que sin duda alguna se unirán no sólo otras empresas de talla mundial sino en el cual veremos cómo cada empresa puede crear su propio path de certificación para sus empleados y para los terceros interesados en aplicar a ellos.

Es mucho más lógico pensar en la desagregación del producto, entiendo como producto ese conjunto de cursos que hoy se dictan empaquetados de forma física en programas de 4 años, y en permitir el consumo de cada uno de ellos (o de un subconjunto de ellos) de forma semipresencial o virtual con lo cual se  disminuyan los costos, se pueda masificar su acceso y se recupere la inversión en 2 o 3 años.

Y claro, es lógico que algunas universidades sobrevivan no sólo por su nombre y reputación sino porque la enseñanza pasa de lo teórico y de las sesiones magistrales a lo práctico, a lo participativo, con programas que se adapten rápidamente a los cambios tecnológicos y sociales que vivimos y que preparen la gente para hacer, para proponer, para crear y no para sentarse a cobrar un sueldo por “ir a la oficina”.