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La transformación del mundo desde la imagen digital

Staff TECHcetera

Desde los daguerrotipos del siglo XIX hasta las actuales apps como Instagram que permiten dar efectos artísticos a las fotografías tomadas con smartphones y subirlas al instante a cualquier red social, pasando por los mágicos procesos de laboratorio para la obtención de fotografías en blanco y negro, y el encanto de las cámaras instantáneas Polaroid tan populares en las segunda mitad del siglo XX, hemos sido sorprendidos por las gigantescas transformaciones que se han dado en el campo de la fotografía en las últimas décadas.

La evolución de la fotografía no se ha evidenciado solo en la reducción de procesos, lo cual representa un ahorro incalculable en tiempo y dinero, sino que además, gracias a ésta el mismo concepto de imagen tiene hoy unas asociaciones bien distintas a las podía tener hace algo más de una década.

El salto de la fotografía análoga a la digital, y la democratización de esta última que vivimos en la actualidad, han marcado el camino para una transformación cultural en cuanto a la manera como nos miramos, como observamos el mundo y como nos hacemos visibles ante los demás. Este gigantesco cambio ha constituido la base sobre la que estamos construyendo la cultura de la visibilidad, el imperio de la imagen y la apropiación de las herramientas para capturar visualmente la vida.

Con el paralelo desarrollo del video y su integración a la fotografía en dispositivos de captura de imágenes como cámaras fotográficas, smartphones, tablets y laptops, entre otros, hemos adquirido el poder para “atrapar” el mundo y la vida y difundir con absoluta rapidez las imágenes que fabricamos en cuestión de segundos.

Hoy en día, prácticamente cualquier persona que viva en una sociedad con acceso a las nuevas tecnologías, tiene en sus manos el poder para hacerse ver y hablar de su propia vida, sus gustos, sus eventos sociales y sus intereses por medio de la imagen. Las casi infinitas posibilidades de la fotografía digital, sumadas a la explosión de las redes sociales y los cientos de aplicaciones de edición digital disponibles online, ponen en manos del mundo ilimitadas oportunidades para participar en el show de información visual que caracteriza a nuestra época.

Hoy como nunca antes, hacerse visible es sinónimo de existir y el ritmo vertiginoso al que se multiplica la producción de imágenes está dando vida a una ola tecnológica  que tarde o temprano que terminará por arrastrarnos a todos hacia el universo de posibilidades de la imagen digital. Como históricamente ha sucedido con todas las nuevas tecnologías, el cambio es irreversible y negarse a aceptarlo es, más que nada, perderse de grandes oportunidades.

Hace ya unos años, la fotografía dejó de ser un asunto exclusivo de profesionales y su uso dejó de estar limitado a  eventos sociales o fines periodísticos, artísticos y científicos. Actualmente, esta, junto con el video, son herramientas de las que cualquiera puede valerse para producir información. De hecho, esta enorme transición ha tenido incluso la capacidad de influenciar el quehacer mismo de profesiones como el periodismo y la realización audiovisual, desdibujando a veces las fronteras entre el trabajo profesional y el aficionado.

Una popularización de la imagen semejante, que abre a todos las posibilidades para ser creadores y difusores visuales, genera también la creencia de que todo es posible y todo puede entrar en la categoría de arte, periodismo, diseño o fotografía en un sentido estricto. Claramente, hoy tenemos a nuestro alcance los medios para producir y difundir información visual a nuestro antojo, pero vale la pena preguntarnos hasta qué punto esta sensación de poder nos priva de ser objetivos y tener la capacidad de reconocer los límites entre el trabajo de calidad y el que carece de rigor y fundamentación profesional.

Si bien el acceso democrático a la imagen ya es una realidad y no tiene sentido ir en contra de toda esta ola de producción visual que a veces incluso resulta útil para documentar sucesos y contar historias y da con resultados interesantes, es claro que quienes tienen intenciones profesionales en el campo de la imagen tienen la necesidad de hacer prevalecer aquellos valores de la actividad profesional que solo se adquieren por medio de la formación académica y el trabajo riguroso.

Aquí queda claro una vez más que el simple acceso a la tecnología no garantiza por sí mismo que todo lo que se produzca tendrá un sello de calidad y que todo servirá como herramienta para nuestro desarrollo y nuestra evolución cultural.

No podemos negar que la transformación de la fotografía y la producción de imágenes nos ha abierto una ventana a nuevas y grandiosas posibilidades, y ha puesto a nuestro alcance maneras novedosas y divertidas de mirar el mundo, pero como siempre, mantener una visión crítica e inteligente es un compromiso que no podemos perder de vista si de crecer a través de la tecnología se trata.