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El concepto del internet de las cosas o los dispositivos conectados

AWaldraff
This image used under the Creative Commons License

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En una reciente entrada de TECHcetera, Samir Estefan hablaba del “internet de las cosas” y en específico de como las llaves tradicionales van a ser reemplazadas por dispositivos inteligentes de acceso. La entrada de Samir coincide con un interesante artículo de la última revista Wired, en donde hablan del nuevo mundo programable y de los dispositivos conectados. Quisiera ahondar un poco en ese concepto.

Para mi gusto el punto mas importante del artículo de Wired , es que ya no estamos hablando de un mundo “conectado” sino de un mundo “programable”. Desde luego para llegar al mundo programable, debemos pasar primero por esa promesa de interconexión, pero el concepto del “internet de las cosas” tiene sentido cuando hay programación, y los dispositivos no están únicamente conectados a internet. El concepto suena complicado, y técnicamente lo es, pero no es tan complejo de entender. En el último CES, que cubrimos en vivo para TECHcetera, encontramos dispositivos conectados a internet de todo tipo. A este mundo de dispositivos conectados a internet se le conoce con el nombre del internet de las cosas.

Encontramos neveras, cafeteras, radios, termostatos, todos aparatos bien o mal llamados “inteligentes” cuya propuesta de diferenciación esta sustentada en que pueden ser conectadas a internet y manejadas o programadas con algún desarrollo de software  Piénselo, para el consumidor en general no tiene ninguna lógica comprar una nevera o una cafetera que se conecte a internet. La actual ecuación de valor entre poder prender la cafetera remotamente desde su teléfono, no compensa el costo adicional del aparato. Sin embargo la distribución y adopción generalizada de aparatos conectados es absolutamente crucial, para empezar a obtener el valor del internet de las cosas. En principio lo que necesitamos son sensores y procesadores ubicuos que empiecen a recopilar información acerca del uso que le damos a los dispositivos, es decir que inicialmente lo importante no es que estén conectados a internet, sino que tengan memoria y que esta memoria de alguna manera pueda ser descargada para analizar y comprender sus datos. Volviendo al ejemplo de la cafetera, en una primera etapa es que ella sepa que a ud. le gusta tomarse un tinto entre semana a las 5:30AM a cierta temperatura y con cierta mezcla de café y agua que es la que a ud. le gusta.

Ya empezamos a ver muchísimos de estos dispositivos, que miden desde las pulsaciones cardiacas, hasta los hábitos de compra de los poseedores de ciertas tarjetas de crédito, pasando por los sensores de tráfico en las carreteras y flujo de usuarios de sistemas de transporte masivo. La información que generan estos sensores es interesante e importante, y aunque tiene la capacidad de generar cambios de comportamiento para sus usuarios, estos cambios están basados en decisiones humanas. La verdadera revolución empieza cuando esa información acumulada se empieza a compartir entre dos o mas dispositivos y empezamos a encontrar coincidencias entre el uso de los mismos. Piense en su rutina diaria, y se dará cuenta de que prácticamente todas las acciones que realiza durante el día responden a interacciones simples (y programables) de “si sucede algo, debo hacer otra cosa”. Por ejemplo, si hace frío, entonces debo cerrar la ventana, si salgo de casa, debo apagar las luces y si prendo el televisor debo apagar el radio. Quienes van a la vanguardia de la tecnología están trabajando en los mapas que definen esas relaciones causa-efecto que rigen el comportamiento de los dispositivos. Casi que habría que pensar que así como Facebook ha recopilado un mapa de como estamos interrelacionados socialmente los humanos, habría que construir un Facebook que haga un mapa de la relación entre los diferentes dispositivos. 

La interface humana toma una preponderancia muy importante en este caso. Muchas de las decisiones, dependen de las sensaciones subjetivas y de las decisiones del ser humano. Si hace frío y es molesto para el humano, entonces hay que cerrar la ventana. Es en este momento en el cual cambiamos el concepto de dispositivos conectados a dispositivos programados. Si siempre que la temperatura de la habitación baja de 10 grados, entonces debo cerrar las ventanas. Si ademas abro mi closet y me pongo un abrigo, posiblemente debería decirle al termostato que encienda la calefacción. Si siempre preparo un café al llegar a casa de regreso desde la oficina, los dispositivos podrían calcular el tiempo que me tomara llegar a casa y pondrán a hacer el café de manera que este hecho justo en el momento en que llegue. Las aplicaciones son infinitas y aplicables no solamente a los ejemplos de la vida cotidiana que estoy dando, sino al mundo empresarial. Si compro tornillos, envíeme a casa un destornillador, porque no tengo uno en casa. 

En fin, nos encontramos en un momento muy importante del desarrollo de la tecnología, uno que asusta a muchos, pues el humano estaría entregando el control de muchos de sus actos a las máquinas, pero al mismo tiempo uno en donde la conveniencia y eficiencia sustentan el modo y ritmo de vida de los usuarios.