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Sensory ficción: el libro del ahora

Felipe Lizcano
El hábito de la lectura  ha  llevado al ser humano a preservar, en gran medida, el conocimiento a través de las épocas. Es así como, en un principio, nuestros antepasados solían usar ideogramas o jeroglíficos para trasmitir las ideas y, con el pasar de los tiempos, la necesidad de tener dichas ideas en medios cada vez más portátiles  llevó a la sociedad  hasta el libro, tal como lo conocemos actualmente. Es posible que las nuevas generaciones lleguen a conocer otro tipo de libros con capacidades multimedia, diferentes a las ilustraciones, textos y  versiones de hologramas simulados, que estaban integrados a los costosos textos de muy alto perfil que circulaban en el pasado entre las clases más pudientes del país.

Gracias a los avances en materia de multimedia y la caída del PC, que rápidamente le ha cedido su espacio a  las tabletas, el libro ha ido transformándose no sólo en materia de formato (ya el medio impreso ha ido migrando a lo digital) sino también en cuanto a la relación con el lector. Por lo mismo, muchos de los libros han dejado de tener contenidos estáticos y han pasado a variar de acuerdo con las preferencias del usuario. Pero, seguramente, para todo aquel que ha interactuado con un iBook esto no es nada del otro mundo:  el integrar múltiples medios en un formato de libro electrónico, Inclusive el Wonder Book de Sony, lanzado ya hace algunos años, lograba combinar el concepto de la realidad aumentada con la lectura, lo cual en su momento también llego a divertir a más de un niño y a asombrar a más de un adulto.

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Pero ahora algunos estudiantes de MIT Media Lab han llevado el concepto en la dirección de la realidad inmersiva, en donde un nuevo adminículo llamado “Sensory Book” logra enriquecer la lectura por medio de un chaleco cubierto de sensores que, por medio de impulsos eléctricos y vibratorios, logran incrementar toda una gama de sensaciones relacionadas con el tema del libro. Así, pues, literalmente la trama puede elevar la temperatura del lector, llevarlo a sentir presión en determinado puntos del cuerpo y hasta elevar su frecuencia cardiaca, para generar tensión con el relato. Hasta ahora sólo se conoce un prototipo del aparato en cuestión pero, seguramente, no va a tardar mucho tiempo en llegar al mercado. Ahora la gran pregunta es: cuál será la siguiente frontera para el libro?

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