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Las patentes, la tecnología y el freno a la innovación

AWaldraff

 

Nuestro amigo Jorge Tovar (@JorgeATovar), economista de la Universidad de los Andes y PhD de la Universidad de California (Berkeley) nos envió este post acerca del absurdo de las patentes que se están dando en tecnología hoy 

Hace unos meses sucedió lo que algunos temíamos. Un juez decidió que Samsung había infringido seis patentes. Algunas tan ridículas como las formas del teléfono o de los íconos. Por ejemplo, el juez estableció que Samsung había violado la patente según la cual la forma rectangular y el diseño blanco (y negro) del Iphone son exclusivos de Apple. También violó, dice el juez, la forma de los íconos pues Apple es dueño de las esquinas redondeadas de los íconos.

El espíritu de las patentes es proteger la inversión de una empresa para garantizar la investigación y desarrollo. Por ejemplo, para hallar la cura contra el SIDA o el cáncer una empresa seguramente tendrá que invertir miles de millones de dólares. A cambio de ese logró, el Estado le otorga un monopolio sobre el producto que puede rondar los 20 años. Es decir, se le garantiza a esa empresa que ninguna otra firma podrá producir, distribuir o comercializar ese producto sin expresa autorización del dueño de la patente.

El problema es que los monopolios tienen algunas consecuencias negativas en términos sociales y redistributivos al compararse con un mercado competitivo donde exista libertad de entrada. Dado que no hay riesgo de que entren competidores, el precio que se cobra será más alto. Un precio alto implica que la demanda será menor. Por tanto, el mercado transará menos producto del que sería deseable dada la oferta y la demanda y además a un precio más alto.

La discusión sobre el tema de patentes es álgida. Algunos autores abogan por la supresión total del sistema de patentes, propiedad intelectual y copyright. Se basan para ellos en múltiples ejemplos prácticos y teóricos para defender tal posición. Pero como toda demostración basada en ejemplos, no es difícil encontrar contraejemplos que rebaten la posición. En Bolivia el irrespeto por el sistema establecido acabó con casi todos los sellos locales de música (sólo quedó uno) y forzó la salida de los grandes sellos internacionales. La música, por supuesto no se acabó. Pero queda pendiente el estudio que demuestre que los artistas bolivianos están hoy mejor que lo que estarían en un sistema eficiente como el europeo o el norteamericano. Si el tema de la música da para pensar en formulas intermedias, el de la industria farmacéutica es aún más complejo. El lector interesado puede revisar mi punto de vista sobre el tema en este enlace (http://www.lasillavacia.com/elblogueo/blogoeconomia/31647/medicamentos-genericos-y-el-conflicto-de-intereses).

El tema tecnológico es un poco diferente. Las demandas por hardware son relativamente escasas. Hay, por ejemplo, algún reclamo de Nokia a Blackberry por una patente de antena, o de la misma Apple por su hardware multitáctil. Pero la mayoría son por temas de software. Es decir, algún empleado de Apple escribió unas pocas líneas de código (sí es que es más de una línea) para que los íconos tuviesen esquinas redondeadas. En Estados Unidos esto es legal. En Europa hace unos meses la Eurocámara frenó este tipo de patentes aunque en Munich la Oficina Europea las está concediendo argumentando que son “invenciones implementadas por computador”.

El problema del sistema hoy es que hay una formula multisectorial uniforme para otorgar patentes. Es decir se trata igual la música, que la farmacéutica que la programación. ¿Qué sentido tiene proteger una o dos líneas de código de computador? La idea es suficiente para generar la retribución deseada. Pero impedir que otros teléfonos sean negros y rectangulares o que los íconos sean redondeados raya en lo ridículo. El sector tecnológico debe interpretarse diferente y además adaptar la normativa a la velocidad con que se desarrolla.

¿Por qué 20 años de protección en un sector donde se declara obsoleto un teléfono celular a los 2? Como primer paso deberían ajustarse los plazos a la realidad del sector. Pero como segundo, enlazar la protección a la inversión directa en el producto o servicio a patentar. ¿Más allá de una buena idea, cuánto costó desarrollar las esquinas redondas de los íconos? El esquema de patentes tiene que recuperar su enfoque inicial: el de la innovación. No puede repetirse lo del año pasado: Google y Apple gastaron más compra y en demanda de patentes que en investigación y desarrollo.