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La tecnología del automóvil y su impacto social en el adulto joven promedio.

Felipe Lizcano
El carro no es solo un vehículo de transporte; es uno de los objetos que tradicionalmente ha fascinado al ser humano, sobre todo a los hombres, pues, para nosotros denota mucho más que un simple medio de moverse de un lado a otro. Efetivamente también es un espacio para escuchar música con todo el confort y ,además, puede ser un objeto que llega a marcar un estilo de vida, convirtiéndose, en ocasiones, hasta en parte fundamental del ritual de cortejo.

Ampliando lo anterior, no es un misterio que para muchos adultos jóvenes citadinos se presenta como el primer bien a adquirir al terminar el colegio, pues lo ven como un objeto fundamental para salir a enfrentarse al desconocido ambiente de la universidad en donde, para bien o para mal , pueden encontrarse muchachas que se interesen particularmente en un hombre por su automóvil (así ello no pueda verse bien desde el punto de vista de los principios), Aparte de esta consideración, es una verdad a gritos que estos maravillosos automotores de hoy en día ayudan a romper el hielo por medio de un simple aventón, en donde la dama en apuros puede resguardarse de la hostilidad de los elementos en un ambiente agradable.

Tener un carro con “todos los juguetes” tecnológicos no es algo fácil y menos con el ingreso promedio del colombiano común. Por lo menos en mi caso recuerdo que, a temprana edad (años 80s), mi familia tuvo un tradicional Renaul 4 o R4 como muchos lo llamaban. Ahora, cuando lo pienso, advierto que si bien no era el carro más cómodo, si servía para hacer todo lo que el conductor promedio necesitaba hacer, especialmente llevarlo de un lado a otro sin dejarlo botado en la mitad del camino. Además, debido a la altura de la carrocería hacía posible sortear lo huecos, o cráteres de las calles colombianas de la época.

Desde 1980 hasta el presente la tecnología ha venido evolucionando y los automóviles han seguido dando más prestaciones a los usuarios que, no solamente llegan a su destino sanos y salvos, sino con más comodidad y estilo. De la misma forma como avanzaba el confort en los automóviles el precio también fue “avanzando” o aumentando. Por lo mismo, como adulto joven que ya no podía contar con el presupuesto de sus padres para comprar carro, tuve que buscar más opciones para cambiar mi Renault Twingo, que es como el “R4” de esa época, por algo más moderno como un Renault Logan usado a gasolina que daba prestaciones mucho más avanzadas como motor más potente, un radio con muchas más opciones y sobre todo tenia 4 puertas, lo cuál le daba calidad de vida no sólo al conductor y al copiloto sino a los pasajeros que ya no debían contorsionarse para subir y bajar del vehículo (no es que tenga prevención contra los vehículos coupe, pero cuando se acostumbra transportar a más de dos y, en especial a adultos mayores, el sólo tener dos puertas no es tan chévere).

Realmente el proceso no fue nada fácil ya que día tras día tuve ahorrar hasta donde físicamente podía, evitar los postres en el almuerzo para gastar menos, de vez en cuando cocinar y llevar el almuerzo al trabajo y, en especial, explorar hasta el cansancio sitios de compra y venta de vehículos nuevos y/o usados como “carroya.com”, para ser el primero en aprovechar la tan esperada oferta. Gracias a Dios y a los ingenieros de sistemas, este tipo de sitios se volvió cada vez más popular y con el tiempo los filtros fueron mejorando y la manera de comparar los resultados de búsqueda se volvió cada vez más fácil. En cuanto al cambio del Renault Twingo, los tratados de libre comercio (TLC), los adelantos tecnológicos en materia de producción, las leyes de la oferta y la demanda hicieron su parte y el esfuerzo dio frutos a tal punto que, debo decir que finalmente, cambié mi cacharrito por un automóvil de una gama más alta que ,efectivamente, “traía todos los juguetes” no sólo desde el aspecto de comodidad sino de la tecnología y seguridad alemanas.