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La Banca Bajo Ataque

Andrés Waldraff
  • El 19 junio, 2015
  • Geek de corazón, pero administrador de profesión, estoy sentado en la confluencia entre los negocios y la tecnología. Soy emprendedor e inversionista. Hoy dedico mi tiempo a mi mayor pasión, impulsar la innovación empresarial a través del emprendimiento. Me puede encontrar en Twitter como @awaldraff

Estoy en asistiendo actualmente a la Convención Bancaria de Colombia. Los bancos, si me permiten decirlo, son el reducto más poderoso de los “dinosaurios tecnológicos”. Un buen número de banqueros con quienes he podido conversar, y en especial aquellos de vieja data en la industria, siguen atados a conceptos tecnológicos que prevalecían hace 15–20 años. No deja de ser paradójico, pues la industria financiera es hoy uno de los mayores empleadores de profesionales de tecnología en el mundo. Incluso hay quienes dicen que los bancos modernos son empresas de tecnología.

La problemática no se restringe necesariamente al desconocimiento de la tecnología y sus posibilidades por parte de los directivos. Por el contrario, los directivos ven con curiosidad y muchas ganas las nuevas tecnologías. Puedo dar fe de que la Convención esta llena de stands de empresas de tecnología que muestran lo mejor del mundo en esta materia.

El problema, creo yo, está fundamentado en un cambio de paradigma en esta industria. El sector financiero se creó sobre la base de la confianza y la solidez. Pero los hechos y escándalos de la década pasada minaron completamente la confianza del público en los banqueros. Así, los clientes, en especial los millenials, dejaron de confiar en los banqueros. ¿Qué quieren los clientes? Una mejor experiencia de usuario. Servicios que se acomoden a su estilo de vida y sus necesidades, principalmente. Los banqueros no estaban listos para este cambio. Las medidas y controles diseñadas en los procesos y tecnología de la industria, para ofrecer solidez y confianza, limitan completamente su capacidad para innovar.

Si alguien tiene una necesidad, muy rápidamente habrá alguien que busque resolverla. El mundo del emprendimiento se ha volcado hacia las tecnologías financieras. El emprendimiento financiero, FINTECH, es ahora el segmento de mayor dinamismo en innovación. Se estima que los fondos de inversión de capital de riesgo ya han invertido más de 30 mil millones de dólares en este segmento y van a seguir creciendo.

El FINTECH tiene una característica muy particular que va en contra de la tendencia de la industria financiera. Mientras los banqueros han creado grandes supermercados financieros, bancos en donde se puede encontrar casi cualquier solución financiera en un mismo lugar, los emprendedores están rompiendo el esquema, concentrados en ofrecer las mejores soluciones financieras particulares. A este fenómeno se le llama unbundling o desempaquetamiento y tiene aterrorizados a los banqueros. Es claro que no están preparados para ofrecer la mejor experiencia de usuario. Llevan décadas por no decir siglos, trabajando en ofrecer confianza y solidez financiera.

Hay que decir que ambos temas son importantes. No es que la solidez ya no sea importante, pero para los usuarios dejo de ser el factor más importante. Los clientes se dieron cuenta con la crisis, que la solidez bancaria era relativa o mejor dicho engañosa. Y como no hay total confianza, buscan moverse de un lado a otro, en donde ofrezcan el mejor servicio posible.

La gran pregunta es si nos vamos a llenar de “Startups financieros”. Y la respuesta es obviamente positiva, pero me atrevo a agregarle un pequeño twist. Los banqueros, ni cortos ni perezosos, serán quienes financien a estos emprendedores disruptivos, sus enemigos naturales. Hacia donde vamos es hacia un futuro en donde los bancos van a establecer incubadoras y fondos de inversión de riesgo propios para mantener bajo control estas innovaciones. Parece una hoja sacada del Arte de la guerra de Sun-Tzu: “Mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún mas cerca.”

Para alegría de nuestros blogueros, creo que en los próximos años vamos a ver un cambio radical en los servicios financieros que recibimos.