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¡Existo! Un grito milenario desde una pantalla

¡Existo! Un grito milenario desde una pantalla
Julian Gomez

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea se convirtieron en la pantalla planetaria para dar a conocer pensamientos, lugares, emociones, actividades, vidas ideales y hasta proyectos de negocio.

 

Las historias de Facebook e Instagram y los estados de WhatsApp, por mencionar simplemente las innovaciones más famosas, han venido a multiplicar el poder de transmisión de los post estándar de las redes sociales. Estas mejoras aseguran una mayor visibilidad y contenidos que, aunque no se registran en un timeline, son privilegiados visualmente. Además, podemos saber quiénes los han visto. Esto representa una extensión del camino que han dibujado las redes hacia una comunicación más participativa e incluyente.

 

Hoy prácticamente todo es susceptible de ser contado y hasta los grandes negocios se benefician estratégicamente con los nuevos desarrollos.

 

No obstante, si hablamos del usuario promedio y de las razones que subyacen detrás de sus publicaciones, todo apunta hacia las mismas motivaciones que desde siempre nos han movido a buscar el reconocimiento y la visibilidad. Aparte de los contenidos diseñados con propósitos de divulgación o de negocio, es claro que un altísimo porcentaje de lo que se difunde a través de las historias y los estados no tiene un objetivo distinto a decir:

 

“¡Existo, estoy aquí, mírame!”.

 

Este grito puede bien ser una conversación secreta, un llamado a quien no nos presta suficiente atención, una reafirmación de nuestros valores ante el mundo, una manifestación de amor, rabia o buen humor, o la elaborada propaganda con la que vendemos una vida de ensueño.

 


Redes sociales

 

De cualquier manera, se puede pensar que ese pregón sirve a la elaboración de la propia identidad y al propósito humano de construir la autoimagen, dadas las muchas ocasiones en las que ésta se ve expuesta al vaivén de las relaciones.

 

Somos humanos ante todo por la capacidad que tenemos de comunicar, por nuestra facultad de lenguaje, nuestra naturaleza social atada a los signos y las convenciones. Dicen los expertos en la evolución que superamos nuestro estado animal cuando creamos el lenguaje, cuando nuestra tendencia natural al chisme nos indujo a la conversación y desarrollamos la capacidad metafórica. Todo parece indicar que nos sentimos personas cuando logramos que otros sepan que existimos y sellamos la relación comunicativa que nos garantiza que no estamos solos en el mundo.

 

Vale recordar que no todo lo que aparece en historias, estados y posts tiene el propósito de reafirmar la autoimagen de los usuarios y que hay usos en los que predomina la intención informativa. También, que en la red hay una buena cantidad de productos comunicativos elaborados con propósitos diferentes al simple deseo de hacerse ver y ser popular.

 

Compartir en redes sociales

Compartir en redes sociales

 

En todo caso, es notable que la evolución de este universo de comunicaciones en el que nos desplazamos ha respondido a algunas de las necesidades más básicas de la humanidad y está determinada por nuestras formas más esenciales de interactuar con el mundo. Eso, palabras más palabras menos, significa que este cosmos de signos que nos habita es el reflejo de nuestra propia forma de pensar, sentir, hacer relaciones y crear lenguajes en nuestra mente.

 

Desde las cuevas que pintaron hombres de tiempos antiquísimos, hasta los relatos que damos a conocer por la pantalla de nuestro móvil, nuestra historia parece reafirmar que no nos basta simplemente con existir. ¡Necesitamos gritarlo para que el mundo lo sepa!