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El internet de las cosas no se trata de automatizar tareas triviales

AWaldraff

Tengo discusiones recurrentes con personas que no creen que el internet de las cosas vaya a ser una revolución. ”No necesitamos una nevera/cafetera/estufa inteligente.” Tienen toda la razón. Por mas conveniente que nos parezca que la nevera haga los pedidos al supermercado, o que la cafetera tenga el café preparado a las 6AM, estamos hablando de tareas que posiblemente no queremos reemplazar o automatizar.

El gran valor del internet de las cosas no proviene de la conveniencia que nos ofrece la vida diaria. En realidad provendrá de la información que logremos capturar y sobre todo de la caída en el costo de capturarla. Con información suficiente podremos reducir desperdicios en las cadenas productivas. Como no tenemos información suficiente, tenemos la tendencia a sobreestimar la necesidad de recursos. ”Mejor que sobre y no que falte”, decía mi abuela. El problema es que esos desperdicios tienden a acumularse de manera exponencial. Si en una cadena de 10 pasos, todos sobrestimamos nuestra demanda en un 10%, necesitamos 2.5 veces los recursos que en efecto consumimos. ¡Haga el cálculo!
No tiene ningún sentido una cafetera inteligente, si su único objetivo es automatizar la preparación de café. Pero si es interesante analizar a que hora lo prepara y cual es la mezcla precisa de ingredientes que ud. usa para preparar la taza perfecta. Nestlé, su posible principal proveedor de ingredientes para el café, puede analizar esta información y proveerle exactamente con lo que ud. quiere, sin desperdicios y a un precio mas accequible.

La nevera inteligente no es interesante porque pide leche al supermercado cuando esta se termina. Es interesante porque la nevera puede reconocer y analizar los patrones de consumo de leche en su casa, y puede anticipar que tipo de leche le gusta y cuanta va a necesitar al cruzar la información con su calendario, por ejemplo.
Los sensores de su carro, capturarán información acerca de los features que ud. usa, de su comportamiento vial, de su consumo de combustible. Así los constructores podrán ofrecerle el carro exacto que se ajusta a sus necesidades.
En el pasado he hablado acerca de la molestia de pagar por cientos de canales de televisión, para ver 2 o 3 programas que me interesa ver. Si su decodificador de cable analizara su comportamiento y preferencias, su compañía de cable sabría que tipo de programas ofrecerle, a la carta.

Las aplicaciones del internet de las cosas no son solo de consumo.

Una compañía israelí desarrolló un software que hace seguimiento al uso real que dan a su computador los empleados en las empresas. Un estudio global realizado con los resultados arrojados por ese software indican que las empresas podrían ahorrar millones de dólares desinstalando y devolviendo las licencias de Microsoft Office que no se usan.
Si una aseguradora de salud le pudiera dar a cada uno de sus afiliados un sensor de signos vitales, podría anticipar los patrones de demanda de servicios médicos, evitar congestiones en las salas de atención primaria y ofrecer un mejor servicio de adjudicación de citas.
Con las tarjetas que usamos para entrar y salir de Transmilenio debería ser posible capturar información sobre la demanda. La empresa podría reconfigurar sus rutas y frecuencias para evitar demoras en el sistema con esta información.

Una sociedad de consumo, que consume eficientemente

Vivimos en un mundo de estimados. En las empresas donde he trabajado los ejecutivos nos sentimos tranquilos cuando el margen de error sobre lo que planeamos es inferior al 10%. La barrera invisible que nos impide mejorar sustancialmente este resultado es la falta de información. El mayor costo recae en la captura. No hay suficientes sensores instalados. El internet de las cosas hará explotar el numero de sensores y por ende el costo de capturar información bajará sustancialmente. Puedo visualizar una reducción sustancial en el márgen de error. El internet de las cosas va a acelerar ese proceso.