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Debo confesar que Clubhouse no me convence

Debo confesar que Clubhouse no me convence
Samir Estefan

Clubhouse es “la red social del momento”.

Por lo menos si la medimos por el incremento en usuarios en lo que va corrido del año, el interés que ha generado en los medios quienes hablan de ella casi a diario o el de los usuarios derivado de apariciones esporádicas de estrellas del mundo tech como Mark Zuckerberg o Elon Musk (y la posible conversación que tendrá este último con Vladimir Putin en la aplicación), o el hecho de que las invitaciones -solo se puede acceder si usted es invitado por un miembro actual y tiene un iPhone/iPad- se venden en eBay por más de $100 dólares.

Pero….

 

 ¿Qué tiene de especial Clubhouse?

Bueno, lo principal es que es sólo audio. No hace falta sino ver la descripción del App para enterarse de ello: Drop-In Audio Chat es como se describe. 

Usted puede crear “cuartos” para hablar de lo que quiera. O puede encontrar personas y temas que le interesan, seguirlos, y entrar a sus cuartos cuando estén teniendo conversaciones que le interesan. 

Incluso, si los moderadores lo desean, pueden permitirle a usted unirse a la discusión, hablar y compartir su punto de vista, algo que puede ser un game-changer cuando quien modera es alguien famoso o a quien usted admira y, de pronto, puede “compartir escenario” con él / ella.

En estas semanas que he estado utilizando Clubhouse he entrado a varias conversaciones de temas tan variados como la tecnología, el poder las redes sociales, el futuro de la música,  monetización del mundo digital independiente, los extraterrestres, inteligencia artificial y hasta mercadeo digital. 

He aprendido, me he divertido y me he entretenido.

He participado activamente en un par, gracias a la generosa invitación de sus moderadores, compartiendo mi visión y mi experiencia con personas a las que admiro.  

Hemos decidido explorar el llevar nuestras discusiones tecnológicas a la plataforma e, incluso, más de uno me ha preguntado si invertiría cuando haya un IPO de la empresa.

Pero la verdad, no sé, hay algo de Clubhouse que no me convence.

 

Hablemos de los “Peros”

1 – El primer “pero” que le veo a la plataforma es que mientras el mundo se mueve hacia lo asincrónico Clubhouse nos lleva al pasado; a un mundo en el que usted debe estar en el momento específico de una conversación para poder oírla y participar. 

No hay como grabar una conversación para oírla después, no hay cómo buscar conversaciones que ya pasaron para oírlas cuando uno tenga tiempo. 

Va totalmente en contravía de lo que está pasando en el mundo del contenido y en ese concepto de “por demanda” que tanto se ha popularizado en la última década.

Piense en cómo pasamos de la televisión lineal hacia un modelo por demanda como Netflix, en el que usted ve lo que quiere cuando quiere y desde donde quiere. O piense cómo la radio está dando ese mismo paso hacia el mundo de los podcasts permitiéndole a la gente oír el contenido que quiere cuando tiene el tiempo para hacerlo y no a una hora específica. 

No sé ustedes pero mi agenda es suficientemente apretada como para ahora tener que estar pendiente de horas específicas en las que se den las conversaciones que me gustaría oir o en las que me gustaría participar. 

2 – El segundo “pero” tiene que ver con la privacidad -o mejor la falta de opciones de privacidad- de la plataforma. 

Comience con el onboarding del servicio. El principal modelo de recomendación de Clubhouse radica en el acceso a sus contactos, solicitud que recibe tan pronto abre la aplicación y que es requerida para poder invitar a cualquier otra persona a la plataforma.

Desde ese momento Clubhouse tiene acceso a sus contactos y a la información que usted tiene de ellos (correos electrónicos, números de teléfono, cuentas de redes sociales y cualquier otro dato que usted tenga). 

Pero es no es todo. Clubhouse toma esa información y la compara y la mezcla con la que otras personas tienen de usted y de cada uno de sus contactos creando un mapa completo a partir de información que diferentes usuarios tienen de usted y de las personas que usted tiene dentro de sus contactos. Con ello, si alguien tiene su número de teléfono en sus contactos y usted se une a Clubhouse, ellos recibirán una notificación y podrán seguirlo (incluso si usted no los tienen a ellos dentro de sus contactos o si usted decidió no compartir sus contactos con la red social). 

Y complemente el tema con el hecho de que si usted quiere salirse de la red social la única forma para hacerlo es enviarle un correo a la compañía y solicitar que lo den de baja, proceso que puede tomar hasta un par de semanas. Sin embargo, esto no garantiza que la información que usted ha compartido sea eliminada. Es más, a la fecha no es claro qué pasa con su información y la de sus contactos cuando usted se retira de Clubhouse.

3 – El tercer “pero” tiene que ver con la moderación del contenido. O mejor con la imposibilidad de moderación que parece existir en la plataforma.

Ya aprendimos lo que pasa cuando le damos “voz” a cualquiera. El surgimiento de QAnon y el crecimiento exponencial del nivel de influencia y desinformación de los terraplanistas y los antivacunas son un gran, y asustador, ejemplo.  Y Clubhouse no parece tener ni el personal ni las herramientas para poder controlar lo que se dice en las miles de conversaciones que se llevan a cabo en su plataforma diariamente. En este sentido, se parece más a Parler que a Facebook. 

Sí, por ahora el mainstream de las conversaciones parecen ser “buenas”, aunque oyendo a varios de quienes hablan es claro que su “éxito” y su “experiencia” son medio etéreas y nebulosas. Pero es claro que la plataforma tiene el potencial para que facinerosos, terroristas y locos (¿cómo más se le puede denominar a gente que cree las mentiras de Q?) la utilicen para difundir sus ideas sin limitaciones ni control alguno. De nuevo, Parler pero más loco porque al ser audio y no quedar un registro se pueden decir, proponer y planear cosas más nefastas.

4 – El gran activo de Clubhouse no es más que un feature fácilmente replicable por parte de otras redes sociales. 

Twitter, por ejemplo, ya tiene Spaces, una funcionalidad casi idéntica a los cuartos de conversación de Clubhouse. Y Facebook está “trabajando” en un club de la red social para implementar dentro de su plataforma. 

Puede Clubhouse, de forma Independiente, competir con Twitter y con Facebook? Mmm. No creo. Pero ¿Qué pasa si TikTok implementa una funcionalidad similar? Tiene Clubhouse como competir contra ello?

No. Por lo menos no de la manera en que funciona en la actualidad. Diferente si implementa algo de video, si crea planes que permitan la “retransmisión” de los contenidos, si corrige los problemas de privacidad que tiene en la actualidad y si evoluciona hacia algo más estructurado, en doble vía y asincrónico. 

5 – Casi se me olvida: el segmento demográfico. Extrañamente Clubhouse no parece estar atrayendo el segmento demográfico que hizo de Snapchat un hit en su momento o el que ha llevado a TikTok a la cima de las pirámide de las redes sociales. Ese mismo por el que Facebook pagó Mil Millones de dólares en su momento para comprar Instagram. El de los jóvenes entre 15 y 30 años, el de los Millenials. Escuche las conversaciones de Clubhouse, mire los perfiles de la gente y notará un sesgo más adulto / adulto contemporáneo. Y pregúntele a cualquiera de los que tiene cuenta en TikTok por Clubhouse y le responderá, como hicieron mis hijos en estos días, “¿qué es Clubhouse?” cuando les pregunté si ya la habían probado.  

Ahora bien, esto puede ser un handicap o un activo, especialmente si el modelo de negocio, que por ahora parece solo estar enfocado en captar masa, se encamina hacia un modelo de suscripción en el que la gente paga (a) para poder oír lo que otros dicen o (b) para hablar y que su mensaje sea escuchado por millones, en vez de irse por el ya tradicional y problemático modelo de la economía de la vigilancia.

Por ahora, si le interesa y está libre esta noche a las 7:30pm tendremos una Charla Tech en la que hablaremos de las noticias más importantes de la semana en el mundo tecnológico (el aterrizaje -ojalá exitoso- del Perseverance, la pelea de Facebook y Australia, el nuevo auge de Bitcoin, entre otros).