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Billetera electrónica: Una promesa fallida

Andrés Waldraff
  • El 3 julio, 2013
  • Geek de corazón, pero administrador de profesión, estoy sentado en la confluencia entre los negocios y la tecnología. Soy emprendedor e inversionista. Hoy dedico mi tiempo a mi mayor pasión, impulsar la innovación empresarial a través del emprendimiento. Me puede encontrar en Twitter como @awaldraff

digital wallet

Una de las grandes obsesiones del mundo de la tecnología es la billetera electrónica. La idea de reemplazar la billetera por el teléfono celular. Hasta ahora todos los intentos de masificar las diferentes aproximaciones tecnológicas a este concepto han fracasado. El concepto de billetera electrónica suena espectacular. No necesito llevar conmigo ni efectivo ni tarjetas de crédito, tan solo mi teléfono y con solo pasarlo junto a un lector, se descarga de mi cuenta bancaria el monto a pagar. El tiempo de transacción se reduce y yo, como usuario, quedo contento con la conveniencia y seguridad de la transacción. Este mundo fantástico no se ha convertido en realidad, ¿que sucede?

En principio todo jugador del mundo de la billetera electrónica, le echa la culpa a la regulación. La industria financiera se encuentra fuertemente regulada. Hay controles contra lavado de activos, contra fraudes, contra captación ilegal, los gobiernos quieren mantener el control de las transacciones financieras para evitar la evasión de impuestos, etc.. Todos los anteriores controles  siguen siendo posibles, y posiblemente se faciliten con el uso de la billetera electrónica. El problema recae en un asunto diferente, la inversión tecnológica necesaria para operar estos controles es gigantesca y estamos partiendo de una situación de huevo o gallina. Los reguladores no invierten en la tecnología si la misma no ha sido adoptada masivamente, pero tampoco permiten adoptarla, para evitar hacer las inversiones. Desde mi óptica, sin embargo, creo que los entes reguladores tomarían una decisión rápidamente, si el sector financiero adoptara la tecnología. Ya lo vimos suceder con la adopción de los medios plásticos.

El problema mas grande es una negociación subrepticia de “peajes” que no ha sido posible resolver. Para un banco es mucho mas rentable cobrar comisiones por prestar servicios transaccionales, que intermediar con cobre de intereses sobre el uso de su capital. Desde luego el primer negocio depende del segundo, no puedo hacer transacciones si no tengo dinero en la cuenta. Pero las instituciones financieras no están dispuestas a reducir la rentabilidad del negocio transaccional por adoptar una nueva tecnología. La billetera electrónica, aunque no es disruptiva para su negocio mas rentable, lo es para los procesadores de tarjetas de crédito, que son sus socios mas importantes. En la cadena transaccional cada quien toma un pedacito del cobro, al agregar uno o varios nuevos jugadores es necesario renegociar esos pedacitos. El asunto clave es que las telcos quieren un “pedacito grande” y obviamente tienen el músculo para negociar de tu a tu contra los bancos. Los intereses son encontrados y las negociaciones están paralizadas.

Curiosamente en una de las regiones tecnológicamente mas atrasadas del mundo, Africa, es donde la billetera electrónica ha ganado mayor tracción. El catalizador no tuvo nada que ver con el sistema financiero, salió de la apertura de dos servicios, por parte de una multinacional de las telecomunicaciones. El primero fue abrir la posibilidad de recargar minutos de llamada desde Europa, para teléfonos basados en Africa. La idea original, supongo que era conquistar el mercado de las llamadas a los expatriados. El segundo fue la posibilidad de intercambiar minutos entre diferentes números. Puedo pasar minutos de un numero a otro, sin importar el dueño. Lo que sucedió es que los minutos que venían desde Europa se convirtieron en remesas y luego los usuarios, con la posibilidad de intercambiarlos entre si, lo convirtieron en moneda. Supongo que además en Kenya, el país líder de este ecosistema de billetera electrónica, los minutos no vencen como en nuestros paises y desde luego hay una debilidad regulatoria que permite el manejo de minutos en la economía. 

Atrás quedan tecnologías de última generación como NFC, Bluetooth, presencia, etc..  La billetera electrónica es un problema que no es digital sino humano y que dificilmente veremos en funcionamiento mientras los intereses de negocio se sobrepongan a la conveniencia de los usuarios.