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Aprender con tecnología: De contenidos, integración y políticas públicas

Catalina Valenzuela

Discutíamos el otro día con @tombleir y @awaldraff que le hace falta al sistema educativo en general para integrar de verdad la tecnología a su quehacer diario, es decir al ejercicio de aprender, enseñar y crear conocimiento. Cuando empecé a contribuir con el proyecto de TECHcetera, mi preocupación principal era esa. Hoy casi 18 meses después mi preocupación sigue siendo la misma y quizás puedo decir que ahora es una preocupación MAS informada.

18 meses después, me doy cuenta que integrar la tecnología en el proceso educativo es una tarea de titanes, de casos donde se logra como los referidos acá por @samirestefan u otros.  Dice @tombleir que los contenidos ya están. Pero yo no estoy tan seguro que los contenidos estén ni que los docentes los estén usando adecuadamente.

Los contenidos ya están como han estado siempre en las bibliotecas las de libros de papel y las digitales. Los contenidos están en los tableros interactivos que funcionan como los de tiza y en los dispositivos que funcionan como un cuaderno en aulas de clase donde el maestro dicta clase y los estudiantes, a veces “paran bolas” y a casi siempre tienen algo mejor que hacer.

En ese orden de ideas, los contenidos pueden existir pero deben adaptarse. Deben adaptarse a lo que viene detrás de ellos: un mundo interconectado, información al instante, diccionario en varios idiomas, los compañeros de clase en distintos hemisferios, etc, etc. Además, estos contenidos deben ser relevantes, los estudiantes “digitales” como casi todos los mortales se aburren inmensamente cuando no pueden interactuar, cuando les dicen como hacer y no los dejan experimentar. Se aprende más haciendo que oyendo como bien lo sabían los estudiantes de Socrates, lo saben los médicos y los chefs y lo sabemos casi todas las personas que ejercemos un oficio o una profesión.

Los contenidos están, como está la tecnología, pero no es lo mismo enseñar con un tablero interactivo que con uno de tiza y no es lo mismo aprender con un “tablet” que con un cuaderno de espiral. No es lo mismo buscar en una biblioteca que en Google aunque se usen habilidades parecidas. Y tampoco es lo mismo aprender con colegas de otros países como en los proyectos de la clase global plana, que aprender con los compañeros de clase. 

Los contenidos deben adaptarse a los nuevos ambientes de aprendizaje. Un salón de clase con dispositivos electrónicos es distinto a uno con cuadernos. ¿O no? Debería ser distinto porque los dispositivos cambian las relaciones entre los docentes y sus estudiantes, entre los estudiantes mismos y entre el docente, los estudiantes y el entorno. 

Se deben entonces formar a los maestros para que se empoderen con la tecnología, para que la usen para enseñar, para aprender y para crear comunidades de conocimiento. Eso es lo que sugiere la Unesco, cuando propone un plan de formación de maestros que permita integrar el uso de tecnología en el quehacer pedagógico y no solo como una herramienta adicional. Porque definitivamente no es lo mismo enseñar a leer con “Nacho lee” que con aplicaciones que le permiten al maestro darse cuenta, en tiempo real, cual de los estudiantes está teniendo dificultades para avanzar en su proceso de aprendizaje.

También se debe cambiar el proceso de evaluación porque no es lo mismo evaluar la capacidad de memoria como lo hacen la mayoría de las pruebas estandarizadas que evaluar la capacidad de análisis que son las que deberían desarrollarse con el uso de la tecnología. Pero es más barato (efectivo y eficiente) hacer pruebas estandarizadas que pruebas que analicen niveles superiores de aprendizaje.

Así pues para llegar a niveles óptimos de integración tecnológica es necesario adaptar los contenidos, promover una cultura de empoderamiento y de formación permanente de los docentes y unas políticas de evaluación que midan lo que se aprende y no lo que se memoriza.