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WhatsApp, la oportunidad perdida

WhatsApp, la oportunidad perdida
Samir Estefan

Publicaba ayer la nota sobre la llegada (por fin!) de las llamadas y videollamadas a la versión de escritorio de WhatsApp y me quedé pensando en lo que hubiera podido ser WhatsApp si Facebook no la hubiera adquirido, si hubiera tenido que innovar para sobrevivir, en la oportunidad perdida. 

Y es que si usted mira, WhatsApp no tiene nada para contar como caso de éxito más allá de su impresionante base de usuarios de más de 2 mil millones de usuarios.

 

WhatsApp no tiene nada que contar, más allá de su base de usuarios

WhatsApp es como el hijo mimado de un magnate cuyo padre no lo dejó madurar, crecer, buscar su camino y esforzarse. El que vive -a los 30, a los 40 y a los 50- de la fortuna de su padre pero que nunca ha hecho nada. Ese bueno para nada que va al club todos los días y que sólo espera que su padre muera para heredar la fortuna, con la que seguro acabará en 2 años. 

Imagínese lo que podría ser WhatsApp sin ese papá rico que le ha dado todo a cambio de no dejarlo crecer. Imagínese la mezcla de Slack, de Zoom, de Skype, de Google Doc y de Zoho, con funcionalidades de social commerce, pagos vía códigos QR y transferencia segura de archivos en la escala de WhatsApp. Pero no. WhatsApp es hoy, prácticamente, lo que era en 2014 cuando Zuckerberg lo compró.

 

WhatsApp hubiera podido ser Slack + Zoom + Skype + Soho + Social Commerce + Pagos vía códigos QR + WeTransfer todo en una aplicación. Pero no. 

Imagínese la integración de las funcionalidades de la herramienta para el usuario común, esas que usamos día tras día, con aquellas de un sistema integrado de comunicación empresarial en la que usted pueda llevar control de su funnel de ventas, a lo HootSuite, pero de forma colaborativa como lo hacía Waves (¿se acuerda de Waves?).

Listo. No vaya tan lejos. Imagínese que WhatsApp hubiera tenido esta funcionalidad de llamadas y videollamadas en su versión de escritorio -pero grupales- hace un año, cuando comenzaba la pandemia. Ni Zoom, ni Hangouts, ni Teams, ni Blue Jeans, ni Webex hubieran podido competir. WhatsApp hubiera reinado durante la pandemia y se hubiera convertido en la base del modelo de trabajo remoto. En la base de la comunicación empresarial. En el pilar de las reuniones familiares. 

Pero no. WhatsApp tenía stickers.

Las posibilidades son infinitas. O mejor, hubieran sido infinitas. Porque lamentablemente la mejor describir hoy a WhatsApp es la de una oportunidad perdida.