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Uber, Contra las Cuerdas?

Samir Estefan

Los problemas de Uber parecen no tener fin. A la declaración de ilegalidad de su servicio en Colombia se han sumado en las últimas semanas 1) prohibiciones de operación en India, España, Holanda, Río de Janeiro  y Tailandia, 2) demandas en San Francisco, Portland y Los Angeles por parte de las autoridades locales, 3) cuestionamientos sobre la cantidad de información que recoge algunas de sus aplicaciones y su propósito, 4) comentarios desafortunados de algunos de sus ejecutivos y 5) decenas de noticias de asesinatos, violaciones y demás presuntamente perpetradas por conductores y ex-conductores de Uber, aún cuando dichos casos nada tengan que ver con la compañía. 

La verdad es que Uber ha logrado algo que sólo Microsoft logró en algún momento: estar en el ojo de todas las autoridades de las ciudades donde presta su servicio. En el caso de Microsoft esa “atención” desmesurada llevó al ya conocido Juicio Antimonopolio tanto en Estados Unidos como Europa de comienzos de Siglo y que de una u otra manera sirvió para que la compañía perdiera su liderazgo.

En el caso de Uber, puede que no haya solución al conflicto. Por qué? 

Primero, porque Uber está atacando una de las mafias más grandes de la era moderna. La del transporte público. Una mafia en la que el dinero y la política se mezclan para favorecer los intereses de unos pocos que se han hecho a uno de los negocios más lucrativos de la ciudad moderna,

Segundo, por la ignorancia y el analfabetismo digital de algunos de los funcionarios públicos encargados de la regulación del transporte público y porque las leyes que rigen esta actividad no están preparadas para la digitalización de su actividad económica, y

Tercero, por la arrogancia de la compañía y de sus ejecutivos. Arrogancia que se ve en la manera en que amenazan a los periodistas que no están de acuerdo con algunas de sus prácticas y que se refleja además en situaciones como la vivida en Bogotá hace unas semanas, en la que a pesar de estar en un proceso de negociación y conciliación con el Gobierno – que buscaba darle un marco jurídico a las actividades de la empresa en Colombia – , la compañía decidió lanzar UberX, un servicio de “car-sharing” que básicamente fomenta el que cualquier persona compita – sin ningún tipo de seguros o protección legal – con los servicios de transporte público individual y colectivo ya establecidos, mostrando todo tipo de desapego a las leyes y a la normatividad. Un “vale-huevismo” que parece decir “no me importan sus leyes, ni sus instituciones, ni mucho menos la seguridad de sus habitantes. Sólo me importa el dinero”. 

A pesar de todo esto, parece que “cualquier publicidad es buena” pues tan sólo la semana pasada la compañía anunció una nueva ronda de inversiones que la valoró en US 40Mil Millones – más que lo producen economías como la de Nicaragua o Guatemala anualmente – y con la cual podrá no sólo mantener sino incrementar su operación a nuevos mercados y aumentar su nivel de influencia en los mercados en los que participa.

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