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¿Por qué no funcionan los sistemas de pagos innovadores?

AWaldraff

Un tema recurrente de conversación con emprendedores e innovadores es el concepto erróneo de que la tecnología resuelve los problemas. La tecnología facilita procesos, pero por si misma, es muy rara la ocasión en que resuelve un problema. Para hacerle disrupción a un negocio es necesario pensar en una dimensión muy diferente, que generalmente tiene mas que ver con el entorno y el comportamiento de las personas que con tecnología. El caso de los pagos digitales no es muy diferente. A pesar de lo que haya escuchado esta semana, Apple no solucionó mágicamente el problema de los pagos el martes con el lanzamiento de Pay.

Si bien es cierto que Pay puede ser una mejora significativa en la eficiencia de las cajas en cualquier establecimiento, esa es tal vez la menor de todas nuestras molestias. ¿A cuanta gente ha escuchado quejarse de tener que sacar la billetera y entregar efectivo o una tarjeta al cajero? Pay también ataca de frente el problema de seguridad de las transacciones. Este si es un problema que preocupa a muchos. No obstante, el porcentaje de transacciones “hackeadas” debe ser un número insignificante frente al total transado diariamente. Obviamente es un problema con cubrimiento mediático, que requiere atención, pero que tampoco es el problema estructural de los pagos. Yo creo que el problema estructural de los pagos y transacciones es su costo. Gracias a ese costo, que es extremadamente alto, ha sido muy difícil masificar cualquier sistema que reemplace al efectivo que es el mas costoso de todos los sistemas de pago.

Además de ser caro, el efectivo es el mas social de los medios de pago. El costo de pagar en efectivo no afecta directamente a los consumidores, en especial a los más pobres. El costo de la transacción lo absorbe el vendedor, quien acumula el efectivo en sus cajas. El componente principal del costo, es la logística que requiere administrar el efectivo, incluída, entre otros, su seguridad. De ahí nace el afán de muchos establecimientos, en especial los bancos por “desmaterializar” el efectivo y convertirlo en tarjetas o cualquier otro medio de pago que no sea tangible y físico.

Las ventajas de “desmaterializar” el efectivo para la economía y para quienes acumulan efectivo son incontables. Mantener saldos en los bancos contribuye al dinamismo de la economía, ya que un mismo dólar se puede usar muchas veces. El costo logístico, con medios de pago diferentes al efectivo, se disminuye ostensiblemente, inclusive después de implementar medidas de seguridad, puesto que el costo de las se reparte entre un número gigante de transacciones. Pero en realidad, la mayor ventaja de los medios de pago es que permite “democratizar” el costo transaccional. Es decir que quienes absorben la totalidad del costo de administrar efectivo, pueden transferir una parte, o la totalidad, del mismo a los pagadores. Lo hacen cobrando una comisión al establecimiento comercial, quien a su vez lo carga al consumidor con un aumento de precios. De esta manera, los sistemas de pago son una industria lista para la disrupción.

El problema de introducir un nuevo sistema de pagos a la economía se puede reducir a 2 temas principales. Primero, es posible lograr adopción masiva colaborando con los sistemas de tarjeta actuales, Visa, MasterCard o American Express, pero su modelo de negocio no deja buenas probabilidades de producir utilidades. Segundo, creando un sistema propietario es posible generar márgenes interesantes, pero las mejoras en el nuevo sistema de pago tendrían que ser sustanciales para que los usuarios abandonen el sistema actual y adopten su sistema. Es en esencia un problema de huevo o gallina. Cómo cualquier sistema tendrá que pararse en el medio de los comerciantes y los compradores. ¿Cual puede hacer crecer primero? Pay parece apostarle a que Apple no quiere hacer dinero en la transacción sino vender mas dispositivos y van a atacar el volúmen transaccional primero. Hasta ahora la mayoría de los intentos de innovar en los sistemas de pago han fracasado, con una sola excepción brillante, M-Pesa.

Hace poco mas de una década, en algunos países del Africa, las empresas de telecomunicación celular permitieron el intercambio de minutos entre usuarios, sin ningún costo, usando mensajes de texto. Los usuarios, que no son tontos, rápidamente aprovecharon la coyuntura y empezaron a usar los minutos como si se tratara de papel moneda. De esta manera los bienes y servicios se empezaron tasar en términos de minutos. ¿Quiere comprar un litro de leche? Vale 2 minutos. Una hora de trabajo vale 10 minutos, etc.. El efecto de este sistema era beneficioso para ambas partes. Para los usuarios, los beneficios en conveniencia era muy importantes. Podían mover medios de pago de manera instantánea y segura a través de largas distancias y no tenían que cargar efectivo consigo. Las empresas de telecomunicación, por su parte, empezaron a ver un aumento considerable de sus ventas, minutos que no eran usados como carga operativa sobre sus redes. Eventualmente la red de distribución de minutos se convirtió en M-pesa, una de las redes pesudobancarias mas grandes del mundo, donde la gente puede convertir sus minutos en efectivo y viceversa.

Desde luego, los intereses económicos y políticos no han permitido que otras “criptomonedas” se establezcan en nuestros países. El problema nace en que no están controladas ni por el gobierno ni por el sistema bancario. Y el poder que ejercen los sistemas de tarjetas, VISA, American Express y MasterCard, logran mantener el costo de entrada, legal y operacional, en niveles muy altos. Pero al mismo tiempo, defendiendo sus intereses, estas empresas han ejercido un efecto discriminatorio sobre el acceso a la bancarización entre los mas pobres. El factor clave es la penetración celular, que en algunos países supera el 100% de la población, mientras la bancarización no supera el 50%. La tecnología bancaria y la celular son similares, pero el comportamiento de los consumidores de bajos recursos hace posible el funcionamiento de M-Pesa.