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Hey, Movistar! Sabes los que es el BYOD?

Samir Estefan

La práctica de permitir a los empleados de una empresa traer su propio dispositivo a la oficina, ese con el que se sienten súper cómodos, que conocen de “pe a pa” y que dominan a la perfección, no es nada nuevo. El BYOD (Bring Your Own Device) es algo ya común en América Latina y en el resto del mundo y ha tomado mucha fuerza, especialmente, en el tema de dispositivos móviles.

Así, son cada vez más las empresas que ofrecen a sus empleados líneas corporativas con planes de voz y datos contratados directamente por la empresa y permiten a los empleados escoger, comprar y traer sus propios celulares. 

Y sin embargo, los operadores móviles parecen no querer entender esta dinámica y ponen cuanta traba pueden para que los empleados no puedan registar celulares que no le haya adquirido directamente la empresa directamente a ellos. 

En días pasados actualizamos algunos de los equipos de la empresa. Estos fueron reemplazados por equipos nuevos, comprados directamente por nosotros (los usuarios) en Estados Unidos. Si, los compramos afuera porque más allá de la devaluación del Peso algunas cadenas de distribución de algunos fabricantes están abusando en los costos adicionales que incluyen en el equipo y por ende su precio de venta en Colombia es casi el doble de lo que vale comprarlo en Estados Unidos.

[Ya hablamos del tema en “Ministro, los Usuarios también queremos ‘Mermelada‘”. Si no lo ha leído le invito a que le de una mirada.]

Al ser un equipo que no se adquiere en el Operador hicimos el registro de cada uno de ellos para evitar que sean bloqueados y para colaborar en la prevención del hurto de terminales. Para ello presentamos (por medio del procedimiento web de Movistar) la factura de compra de los equipos y diligenciamos los datos que solicita la compañía en sus formularios:  IMEI, datos del usuario final, número de la línea, factura y demás. 

La respuesta fue esta:

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La primera vez pensé que me había faltado algún dato mío o que había escrito mal algún número. Mío pues soy yo el comprador y dueño del celular. Así que validé (todo estaba bien) y volví a hacer el proceso. El resultado fue el mismo. Llamé entonces – mentira tocó que llamara el contacto autorizado por la empresa y Movistar para comunicarse al *611 porque yo no tengo ese “derecho” (según Movistar) – a preguntar que estaba ocurriendo. La respuesta fue clara y concisa:

El proceso de registro no fue exitoso porque, según Movistar, la factura de compra no incluye ni la Razón Social ni el NIT de la Empresa.

Es decir: según Movistar sólo los equipos que haya comprado directamente la empresa pueden ser registrados en la Base de Datos Positiva que ha dispuesto el Gobierno Nacional para contrarrestar la venta de terminales hurtados en el país. Plop!

Si un empleado quiere registrar un equipo de su propiedad (no de la empresa) que utiliza con un plan corporativo (de la empresa) sólo tiene una opción: falsificar la factura para incluir los datos de la empresa. De lo contrario tiene que (a) pedirle a la empresa que le compre el equipo al operador y se lo asigne o (b) no usar el plan corporativo.

No suena ilógico? No nos quedamos sin los subsidios de los terminales el año pasado por la eliminación de las cláusulas de permanencia, dentro de un proceso para darle más libertad a los usuarios de buscar el mejor servicio? Qué tiene que ver la línea telefónica y el plan comprado por la empresa con el terminal que adquiere el usuario final en este nuevo escenario? Por qué Movistar se niega a registrar unos terminales que tienen todos sus soportes?  Por qué nos obligan a mentir para cumplir con una norma que en ningún lado especifica que el terminal debe haber sido comprado por la empresa que paga la cuenta de línea y no por el usuario final, quien al fin y al cabo es quien queda registrado como titular? 

Movistar: estamos a la mitad de la segunda década del siglo XXI. El mundo ha cambiado y ustedes como parte esencial de la revolución móvil deberían propender por la promoción de la inclusión digital de todos sus usuarios. Pero estas prácticas, erradas y obtusas, los convierten en una traba, en un dolor de cabeza, en el enemigo del progreso digital de este país.