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Cuando los mensajes de texto son más peligrosos que el alcohol

Samir Estefan

Los accidentes de tránsito siguen siendo una de las principales causas de muerte en los jóvenes alrededor del mundo. Y aunque en muchos de los casos el tema del alcohol sigue estando involucrado, un estudio realizado en Estados Unidos por el Cohen Children’s Medical Center entre finales del  2010 y finales del 2011 ha demostrado que más jóvenes mueren por accidentes relacionados con envío de mensajes de texto y uso de smartphones mientras se maneja que por accidentes asociados al alcohol. 

Fuente: Developmental and Behavioral Pediatrics Department, Cohen Children’s Medical Center, Septiembre 2010 – Diciembre 2011

Los números sorprenden, principalmente por el impacto de los mismos y por la falta de conciencia que los conductores, especialmente los jóvenes, tienen sobre los riesgos de conducir y enviar o recibir mensajes al tiempo. 

Y aunque muchos no entiende cómo es posible que haya más muertos y heridos en accidentes de tránsito asociados al envío de SMS que a conducir en estado de embriaguez, la razón es sencilla: mientras que la segunda es una actividad limitada generalmente a 2 días a la semana, el envío de SMS mientras se conduce es una actividad tan cotidiana que ocurre varias veces al día, 365 días del año. Y ahí es donde está el riesgo.

Leyendo el artículo recordaba un slide que utilizo en mi charla de Ciudadanía Digital Para Padres en la cual comparo el proceso de enseñanza y control de la navegación de los niños en internet al proceso de enseñarle a los niños a nadar. De poco sirve tener todos los controles si los niños no entienden los riesgos y no pueden tomar decisiones. De nada sirve cerrar la piscina con una reja si al final los niños se meten a las piscinas de sus amigos. El secreto es enseñarles a nadar.

En este caso, de nada sirven las herramientas de control (existen apps que bloquean funciones de social media o SMS en los smartphones cuando comprueban que su usuario va en movimiento) si los usuarios no entiende que los riesgos de la distracción causada por un smartphone es equivalente a los efectos de conducir en estado de embriaguez, si la conducto no es penalizada y si no existe un control preventivo y correctivo de parte de las autoridades y la sociedad en general.