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Del Malware al Bossware: efectos del trabajo remoto

Del Malware al Bossware: efectos del trabajo remoto
Samir Estefan

Para nadie es un secreto que la pandemia le pegó durísimo a la productividad empresarial. 

Bien sea porque los empleados no tenían espacios apropiados en sus casas para trabajar tranquilamente, o por la necesidad de combinar las labores del trabajo con aquellas del hogar (como preparar el almuerzo y lavar los platos), o porque los niños de ciertas edades necesitan supervisión adulta para poder realizar muchas de sus labores y permanecer concentrados, o porque las distracciones que tenemos en la casa embolatan a más de uno, o porque la gente aún no sabe poner y guitar los filtros de Zoom 😂😂, en la gran mayoría de las empresas se ha sentido el impacto del trabajo remoto y asincrónico en la productividad de sus empleados. 

Y de ahí el auge de algo que conocemos como Bossware: software de medición que las empresas instalan en los dispositivos de sus empleados y que buscan medir la productividad de los mismos pero que raya en espionaje porque el mismo “mira” y analiza todo lo que hace  -y lo que no- un empleado mientras está en el dispositivo. 

Compañías como Teramind, ActivTrack, Controlio, TimeDoctor, Hubstaff o EmailAnalytics, por mencionar sólo un pequeño grupo, han tenido un año fantástico derivado del incremento en la demanda por sus soluciones. 

Julia Gray, de The Business off Business levantó esta información sobre el tráfico de las páginas web de algunas de estas empresas y en ella se ve como el interés por sus soluciones se disparó con la llegada del COVID-19.

Las soluciones ofrecidas por estas compañías se parecen al malware y analizan qué aplicaciones están corriendo y cuánto tiempo se utilizan, las pestañas de los navegadores web que los colaboradores utilizan, el tiempo que le toma realizar diferentes tareas a los empleados y hasta el contenido de los correos y mensajes que estos envían y reciben y el tiempo que les toma responder a los mismos. En varios casos, incluso, el software toma pantallazos y hace keylogging de lo que el empleado teclea en sus dispositivo, incluyendo, además la información de georeferenciación que permite saber donde se encontraba el empleado en todo momento que esté usando el dispositivo.

Y aunque entiendo que la empresa quiera tener control sobre cómo utiliza su tiempo un empleado en “horario laboral” (mañana voy a escribir de esto por un anuncio que hizo hoy Salesforce), me parece que una empresa que tiene que recurrir a esto no ha entendido lo mucho que ha cambiado el mundo en estos últimos 20 años.

Me hace acordar a un jefe que tuve y que era amante de la “hora nalga”: el tiempo en que permanecíamos en la oficina, sin importar si estábamos trabajando, tomando café, o jugando. Mientas que nos viera sentados en el puesto (o viera el saco en la silla) estaba feliz.

El trabajo no debe medirse por el tiempo que se le dedica al mismo. El trabajo debe medirse por el cumplimiento de objetivos y tareas específicos asociados al rol que cada empleado realiza y a su aporte al negocio.

Y aunque soy consciente de que la gente abusa y que es por esto que este tipo de software existe, creo que el problema está en la transparencia con la que los empleadores implementan estas soluciones y en los efectos que este puede tener sobre la privacidad de los empleados.

Así que ya sabe. Ojo con lo que hace, y con lo que no hace, pues esa realidad panóptica que hemos visto crecer a nivel gubernamental y de la economía de la vigilancia también está en su empresa, en su computador y en su teléfono si es que se lo dio su empresa.