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Seguridad del internauta: Mejor enseñar que lamentar

Catalina Valenzuela

Hace unos meses un fan de Lady Gaga se suicidó dejándole una nota en Twitter a su ídolo sobre lo penosa de su existencia y como no soportaba más el matoneo de sus compañeros. Hace menos de un año un estudiante universitario también se suicidó después que su compañero de cuarto a manera de chiste publicó videos privados.

Estas dos son historias de horror. Yo personalmente no me sobrepongo del todo cuando leo historias de matoneo y de acosos ya sea vía Internet o por medios más tradicionales. Como madre y como maestra me pregunto constantemente qué debo hacer para que mis hijos y mis estudiantes sean capaces de “administrar” el matoneo. Para que no sean víctimas ni victimarios. Y sobretodo para que cuando sean víctimas sepan qué hacer y para que cuando sean victimarios entiendan el dolor que producen y por qué ese comportamiento está lejos de ser admisible. 

El matoneo cibernético es uno de los tantos riesgos que corren nuestros hijos y nuestros estudiantes cuando navegan por Internet.  Es tal vez el que más moja prensa por los resultados trágicos que leemos en las noticias. El matoneo es un problema social que en la escuela encuentra un lugar perfecto para cultivarse y en el ciberespacio el lugar ideal para expandirse. Hay otros problemas también como la pornografía infantil, el robo de derechos de autor, la “copialina” y una lista interminable. 

No soy experta en seguridad informática pero aprovechando la celebración del día mundial de la seguridad en Internet, quiero hacer unos comentarios. Leeremos y los madrugadores habrán leido historias de matoneos propiciadas por las redes sociales. Habrán algunos que se rasgarán las vestiduras sobre el horror que las redes sociales acarrean en la sociedad y en los menores de edad. Y como siempre habrá algunos que dirán que los colegios deberían prohibir el acceso a las redes sociales, por ejemplo, que es lo mismo que cuando en otras épocas decían que no se podían leer ciertos libros o ver ciertas películas o vestirse de cierta manera. 

En fin todo esto para decir que las redes sociales pueden ser o no seguras, como tantas otras cosas chéveres de la vida. Internet y las redes sociales son grandes  herramientas de aprendizaje  y de enseñanza como este blog ha pregonado. 

En ese orden de ideas, lo que se debería hacer es establecer unas reglas claras, transparentes y que se puedan sancionar en todos los casos. Las reglas claras son aquellas que todos entienden, que todos comparten y que todos saben como se sancionan. Decirle a un hijo que le va a cerrar la cuenta de Facebook no es un buen castigo, como tampoco impedir el acceso a las redes sociales en los colegios. 

¿Así las cosas, cuáles deberían ser las reglas? En la casa, las reglas deben ser las de los los papás, que uno espera sean adultos responsables: deben ser aquellas que todos y todas entiendan y que se puedan vigilar, controlar y sancionar. Si no para qué reglas.  En la institución educativa deberían ser similares. 

Yo lo que creo es que navegar en Internet es como cruzar la calle o como aprender a no hablar con extraños: un proceso, un riesgo, un tire y afloje. Y sí, como duele crecer, y ser papás. Y ni hablemos de ser maestros o profesores.

Los dejo con unos sitios de Internet para que tomen algunas ideas: