El informe ‘Señales de competitividad de las Américas’ presentado recientemente por la Red Interamericana de Competitividad (RIAC) concluye de nuevo que los países latinoamericanos, y entre ellos por supuesto Colombia, presentan un marcado rezago en materia de tecnología con respecto a los países desarrollados.

La causa principal de este atraso, según este documento, es la baja inversión en Innovación y Desarrollo que hacen los gobiernos de nuestros países en relación con su Producto Interno Bruto (PIB). La situación es innegable si se tiene en cuenta que en proporción, los países desarrollados líderes en tecnología, como Estados Unidos, China e India, invierten unas cuantas veces más que Colombia en este campo, e incluso en nuestra región estamos por debajo de países como Brasil, México y Argentina.

Aunque claramente el aspecto de la inversión en tecnología de parte del Estado es determinante en el avance que un país tenga en ese campo, cabe preguntarse si la ausencia de ésta es la causa principal del problema, o por lo menos, la que a la larga ha hecho posible que se llegue al nivel de rezago como el que hoy padecemos.

Si bien en una economía como la nuestra la destinación de presupuestos de inversión en diferentes campos está marcada por la ausencia de recursos, las limitaciones burocráticas y la omnipresente corrupción, también es claro que nuestro atraso tecnológico es un desafortunado reflejo del atraso cultural y del pensamiento pobre que nos han dejado el colonialismo español y otras formas de dominación como las que ejercen las grandes potencias.

Esa marca de inferioridad que nos ha quedado en el imaginario colectivo como resultado de los procesos de dominación a los hemos sido expuestos por siglos ha tenido trascendentales repercusiones en la manera como hoy nos vemos frente al resto del mundo, en los ideales de desarrollo que hemos heredado y, por supuesto, en las precarias condiciones económicas y sociales en las que viven la gran mayoría de los colombianos.

Una de las grandes manifestaciones de esta situación es el lugar que en nuestra sociedad se le da a la ciencia y a la educación. Contamos con un sistema educativo que se ha encargado de bloquear la creatividad y perpetuar formas mediocres de aprender, así como unos medios de información que nos han enseñado a ser meros espectadores de lo que pasa en el mundo y voraces consumidores de información y productos materiales.

Hasta hace un tiempo, antes del enorme boom tecnológico de los últimos cinco o seis años, las universidades colombianas reportaban una gran demanda por carreras relacionadas con tecnología, como la ingeniería de sistemas. En los últimos años esa demanda se ha reducido y, aunque existe un gran potencial humano en estas áreas, no muchos parecen interesarse en la investigación y la generación de nuevos desarrollos, y los sectores público y privado han concentrado sus inversiones en la importación de tecnologías desde otros países.

Además de esta tendencia a ser más consumidores y menos creadores de tecnología, en nuestra cultura crece un notable desinterés por el conocimiento y el progreso intelectual, y la extendida ignorancia lleva a muchos  a considerar que tecnologías como el internet son un lujo innecesario o un simple medio para el entretenimiento y las diversiones inútiles.

Este último aspecto, entre otros, fue identificado en las investigaciones realizadas dentro del programa Vive Digital Colombia del gobierno, como una de las grandes barreras para la masificación de las Tecnologías de Información de las Comunicaciones (TIC), en especial el internet. Los otros factores tienen que ver con el bajo poder adquisitivo de la población, los altos costos de la infraestructura y la deficiencia de recursos.

La iniciativa gubernamental Vive Digital Colombia representa una preocupación necesaria con respecto a esta situación de rezago tecnológico y es un esfuerzo para lograr una mayor cobertura de las TIC. Las investigaciones que se han realizado dentro de este programa han ayudado a determinar algunas de las causas de esa problemática y por eso su aporte ha sido importante.

De ahí que valga la pena mantener los ojos bien abiertos frente a este programa para garantizar que su implementación sea una realidad y abonar el terreno cultural para asumir inteligentemente los retos que trae consigo. Evolucionar en el aspecto tecnológico implica altas inversiones de capital, pero también exige una labor grande en el campo educativo, una formación integral que promueva la creatividad y las actitudes críticas, que nos enseñe no solo a ser consumidores de la tecnología, sino también productores de ella o, por lo menos, defensores de su uso inteligente.

 Ante la certeza de nuestro atraso tecnológico, pero con las oportunidades que se abren a través de programas como los que lidera el gobierno actual, será mucho lo que podremos avanzar para apropiarnos de las TIC y usarlas para crecer culturalmente, si somos capaces de aprovechar su poder y liberarnos de los complejos de inferioridad que hemos adquirido a través de la historia.

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Julian Gomez

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Diseñador gráfico de profesión, escritor por pasión. Apasionado por las ciencias humanas y sociales. Habitante curioso del mundo, crítico constructivo de la tecnología y las transformaciones globales. Coach profesional en formación.

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