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La Desmaterialización y Otros Efectos de la Tecnología en la Educación

Samir Estefan

Desmaterialización. Es una de las palabras claves a la hora de hablar del impacto de la tecnología en nuestras vidas. 

Hay industrias que, gracias a los avances de la tecnología, ya han pasado por este proceso. Piense en la música, por ejemplo. De discos, cintas y CDs – elementos físicos y materiales – pasamos a un modelo netamente digital en el que ahora tenemos acceso a nuestra música, o mejor dicho a toda la música del mundo, desde cualquier sitio y dispositivo desde el cual tengamos una conexión a internet. 

Piense en el mercado de los libros y la explosión que los libros digitales y los ebooks han tenido en los últimos años. Piense ahora en la billetera y lo que Google Wallet y Apple Pay harán para eliminar la necesidad de portar elementos físicos (dinero en efectivo y tarjetas de crédito) con los cuales pagar por su productos. 

Pero la desmaterialización va más allá de eliminar objetos. Es un proceso que cambia de manera radical la forma en que ciertas actividades se ejercen. Uno de esos ejemplos es la educación. Hasta hace unos pocos años, el modelo educativo era local y presencial. Quien quisiera estudiar una carrera, un diplomado o un postgrado o quisiera aprender de matemáticas, por ejemplo, necesitaba estar ubicado en la misma ciudad o cerca de las instituciones en las que se dictara dicho programa. 

Si en su ciudad no existía el programa que a usted le interesaba sólo había una opción: mudarse. Si el nivel académico de las instituciones locales no era el más avanzado sólo había una opción: mudarse. Pero mudarse no es para todo el mundo. Es más, mudarse es para un porcentaje muy pequeño de la población. Y de ahí que la tecnología esté generando el cambio tan radical que estamos viendo en materia de educación.

Gracias a la tecnología hoy es posible estudiar lo que se quiera, donde se quiera y desde donde se quiera. 

Aquellos estudiantes que requieren de una ayuda en temas específicos ya no necesitan pagar tutores locales. Pueden usar servicios como los de Khan Academy para aprender de matemáticas, ciencias, economía o arte. 

Aquellos colegios que están ubicados en sitios remotos pueden incluir en su pool de profesores personajes que se encuentren en otras ciudades e incluso países y que gracias a su experiencia puedan dictar clases vía remota a los estudiantes. 

Y aquellas personas que están buscando hacer una maestría ya no tienen que dejar de trabajar y trastearse de ciudad para acceder a programas dictados por las mejores universidades o centros educativos. La oferta educativa es prácticamente infinita. Pueden estudiar desde Maestría en Dirección de Empresas en la Escuela de Negocios de IEP, Maestría en Software Libre en UNAB hasta Diseño e Implementación de una Cultura Ética Empresarial del Centro Internacional de Estudios Interdisciplinarios. Ni la localización geográfica, ni el idioma, ni los horarios son ya un problema.

Y es que la educación online ya ha marcado un punto de inflexión en nuestro sistema educativo. Según los datos de Ibercampus, en el 2016 la formación e-learning facturará 2.300 millones de dólares, siendo Colombia uno de los países donde más crecerá la educación virtual con un 18,6%.

La tecnología está cambiando radicalmente el panorama de la educación. Desde cursos y programas en línea hasta los llamados MOOCs (Massive Open Online Courses), pasando por actividades como el Gamification y el Flipped Classroom, están llevando a que a la par con una masificación de la educación de alta calidad podamos hablar por primera vez en la vida de una educación personalizada hecha a la medida de los estudiantes (algo de lo que hablé el año pasado en mi conferencia en TEB 2013). Una educación basada en la persona y no en la institución. Una educación pluralista y global en la que todos podamos participar.