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Esos tableritos mágicos, interactivos perdón.

Catalina Valenzuela

Cuando fui invitada al futuro de la educación como maestra, uno de los objetos más alucinantes que había en mi salón era un tablero interactivo. Era una pantalla de computador inmensa, un tablero o pizarra con unos lápices de colores que permitía guardar lo que escribía, mostrar videos y tal vez lo más importante: mis estudiantes iban a estar 100% concentrados en lo que pasaba por él. ¿Ah si? como, no ! 

Un tablero interactivo es básicamente un “aparato” que es un tablero pero también es una pantalla de computador pero también se puede tocar y mover. Era lo último en guarachas y en cada salón de cada escuela pública en Inglaterra hay uno. Ahora hay unos más sofisticados que sólo necesitan una pared blanca y un proyector especial y en fin.

Este juguete es una pieza de equipo costosa y que requiere mantenimiento y cuidado. No todos los tableros interactivos fueron creados iguales pero TODOS tienen sus pros y contras cuando de mantenimiento se trata. Un asunto que ha hecho, entre otros, que los sistemas de educación pública en Estados Unidos no estén tan listos a adaptarlos, perdón a comprarlos. Son un lujo tecnológico que para algunos, incluso del dueño de la chequera, no valen la pena. 

Estos son algunos de los argumentos para comprarlos:

  1. Se necesitan para mostrar videos: Un proyector con un iPad, tablet o similar hace lo mismo sin una inversión tan grande.
  2. Se puede grabar la clase: Los tablets, iPads y similares permiten grabar video conversaciones. 
  3. El “engagement” es permanente. No, NO y NO. El “engagement” es permanente cuando se da la combinación de tecnología bien usada por un o una docente efectivo: Un maestro o maestra que conoce a sus estudiantes, que sabe el potencial de sus “aparaticos” y que conoce su tema.
  4. Es fácil de usar: hmmm no, requiere entrenamiento y bastante. Y es caro: alrededor de US$1,800 por docente por una sesión de un día.

Un tablero interactivo cuesta más o menos US$5,000 más el entrenamiento más el desarrollo de contenido. Entonces por la módica suma de US $6,800  uno puede tener un tablero “mágico” y un maestro o maestra entrenados. ¿Qué se puede comprar por esa plata? Un proyector de US$ 1,100 (es uno carito), 9 iPads de US$399 y entrenamiento que digamos cueste $1,800 que también es caro.  

O también puede invertir en software que le permite a sus estudiantes accesar el contenido de la clase en su aparato propio, sea este un iPad, un tablet, un teléfono inteligente y se ahorra lo del equipo. La cuenta pasa de US$6,800 a $3,299 (el proyector, el iPad del docente y el entrenamiento). Falta sumarle el costo del software.

¿Usted como ordenador del gasto que compra? Si, yo también y además tengo una estación de ocho iPads para que lo usen los que avanzan más rápido, los que no entienden y necesitan trabajar más algunos aspectos de la clase, los que necesitan conectarse con otros para terminar el proyecto y los gomosos que pueden estar desarrollando una aplicación que nos cambie la vida. O también la oportunidad que los compradores de aparatos (los papás) le saquen el máximo provecho al “gadget”: la educación formal de sus hijos e hijas.

Del asunto de traer su propio aparato a la escuela o la universidad:  BYOD (por sus siglas en inglés, Bring Your Own Device) hablaré en otra entrada, porque es un tema que está cogiendo vuelo en momentos de austeridad fiscal y de cambio tecnológico veloz.