El efecto mundial causado por el campeonato de la FIFA que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá durante este año, está generando un impacto directo en el mercado tecnológico de Latinoamérica. En 2026, las ventas de televisores de gran formato y tecnologías avanzadas como Mini LED y OLED están mostrando un repunte significativo, convirtiéndose en la principal tendencia de consumo en el segmento de audio y video.
Este fenómeno, conocido como el “Efecto Mundial”, no es nuevo en la industria, pero sí presenta características particulares en esta edición. A diferencia de ciclos anteriores, el mercado llega con mayor madurez tecnológica, caída sostenida de precios y una competencia intensa entre fabricantes asiáticos y coreanos que amplía la oferta en rangos de precio más accesibles.
Las pantallas de 65 pulgadas en adelante lideran la demanda. El consumidor busca una experiencia inmersiva que transforme la sala en un estadio doméstico. Las tecnologías Mini LED y OLED destacan por su alto contraste, mayor brillo y mejor manejo del movimiento, cualidades especialmente visibles durante transmisiones deportivas de alta definición.
La creciente presencia de una diversidad de marcas ha sido determinante en esta expansión. Al ofrecer tecnologías avanzadas a precios más competitivos, estas compañías han acelerado la democratización de formatos grandes y paneles premium en la región. Esto ha permitido que segmentos de ingreso medio accedan a experiencias visuales que hace pocos años estaban reservadas al mercado de gama alta. Hasta los bordes cuentan hoy en día para enriquecer y diversificar los casos de uso.
El fenómeno no se limita a los televisores. Las barras de sonido y sistemas de audio envolvente también muestran un crecimiento relevante. El consumidor no solo busca imagen de alta calidad, sino una experiencia completa que capture el ambiente del estadio y potencie la transmisión deportiva.
Desde una perspectiva de industria, el Mundial actúa como catalizador de renovación. Muchos hogares en Latinoamérica cambian su televisor cada seis o siete años, y un evento de esta magnitud funciona como punto de decisión psicológica. La fecha del torneo establece un límite claro: si no se renueva antes, la experiencia se percibe como incompleta.
A diferencia de ciclos anteriores, el contexto económico y tecnológico actual sugiere que este repunte podría dejar un parque instalado más avanzado. La combinación de financiamiento accesible, competencia agresiva entre fabricantes y mayor disponibilidad de contenidos en alta resolución fortalece la tendencia.
El “Efecto Mundial 2026” demuestra que la adopción tecnológica no depende únicamente de innovación, sino también de emoción colectiva. En Latinoamérica, donde el fútbol tiene un peso cultural profundo, la Copa del Mundo se convierte en un motor de consumo que redefine estándares de calidad en el hogar.
El torneo dura un mes, pero la inversión en tecnología audiovisual se proyecta a varios años. Más que un pico temporal de ventas, el Mundial 2026 podría consolidar una nueva base tecnológica en millones de hogares de la región, elevando las expectativas del consumidor para los siguientes 4 años que están por venir.





