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El viernes, la noticia de un proyecto de ley para abolir las tareas me puso a pensar en como a veces “hacen carrera” algunos asuntos. Hasta el presidente opinó del tema. Tuve una “conversación” amena con uno de mis escritores favoritos (él todavía no sabe que he leído sus libros varias veces) sobre porque las tareas deberían o no existir.

En realidad, las tareas son una fuente universal de conflicto: de los maestros con los estudiantes, de los hijos con los padres, de los padres con sus parejas, de…..Uf. La prensa, los blogs y los negocios hablan de las desgracias de las tareas:  De como los papás son los que terminan haciendo las absurdas tareas que les ponen a los hijos. De como los estudiantes llegan sin las tareas a la clase etc….

Debo aclarar que puedo escribir sobre esto con conocimiento de causa: soy mamá, soy la gerente de las tareas en mi casa, soy maestra, soy investigadora en temas de educación y fui como la mayoría de ustedes estudiante vaga, dedicada y las dos al tiempo dependiendo de la materia, el o la profe y la rumba y otras distracciones de la época. 

Lo bueno de las tareas: Casi nada, dicen los expertos ( y claro los papás). Pero en realidad hay que hilar más delgado. Las tareas como parte del desarrollo de los estudiantes son una parte fundamental del proceso de aprendizaje. En TECHcetera hemos reportado varios recursos que pueden ser útiles para las tareas de matemáticas y para las de historia por ejemplo.

Lo malo de las tareas: Esas tareas que de entrada debe hacer un adulto: El proyecto sobre Rusia con cliparts que le tocó hacer a mi hijo a los cuatro años, por ejemplo. También claro hay papás que hacen las tareas para que queden perfectas. Eso es en realidad es lo peor de las tareas.

Lo feo de las tareas: Es que se vuelvan una ley. Las tareas deberían tener una razón pedagógica, deben responder a las necesidades de los estudiantes y no todos los estudiantes son iguales. No todos los colegios son iguales, no todas las carreras son iguales. En ese orden de ideas se debe tener en cuenta es que lo requieren los estudiantes para lograr los objetivos de aprendizaje. 

La literatura especializada parece estar de acuerdo que las tareas útiles, es decir las que mejoran los logros académicos son aquellas que permiten repasar lo aprendido para los estudiantes de primaria que todavía no son independientes. Los proyectos también pueden ser una excelente tarea si y solo si el estudiante puede hacer la mayor parte del mismo y la perfección no es parte de la calificación.  Además aprender a trabajar solo, a organizar el trabajo sin ayuda es parte de lo que se debe aprender haciendo las tareas.

Una corriente bien interesante sobre el asunto de las tareas es lo que se conoce como “flipped classroom”o clase al revés. Los estudiantes, gracias a la tecnología y a que tienen libros estudian y repasan la teoría en su momento de tareas y van a la clase a aprender, es decir a hacer los ejercicios, a trabajar con sus colegas (le dicen colaboración) y a hacerle las preguntas al docente (le dicen experto) y no a los papás a los que les dicen ogros en ese momento.

Las tareas, además, como tantas otras cosas en educación necesitan recursos. Es distinto ponerle tareas a niños de estratos altos que a niños de estratos bajos. Son muy diferentes pedagógicamente hablando las tareas donde se practica lo que se aprendió en clase que las tareas donde hay que desarrollar un proyecto. La cantidad de tareas, el tipo de tareas entre otros son asuntos que debe determinar la institución educativa a través de su junta de administración y de su programa educativo. También es importante tener en cuenta a que actividades se les da más énfasis en cual momento de la vida académica. 

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Sobre El Autor

Catalina Valenzuela

Maestra y estudiante perpetua. Intrigada por la interacción entre la tecnología y la educación. Cree que todos y todas se merecen una educación de calidad. Edupreneur. Lectora voraz. Exploradora de comida interesante con sabor a casa y a mundo. Mamá y esposa.